viernes, 17 de septiembre de 2010

Travesía Pirineos 2009. Vuelta al macizo del Vignemale

Travesía Pirineos 2009: vuelta al macizo del Vignemale
Protagonistas:
Este año uno de los cuatro se nos cayó de la lista, Kike acababa de ser padre y no pudo acudir a su cita con el Pirineo. Por lo tanto estaríamos los otros tres habituales miembros de las expediciones:
· Juanan alias Coleman
· Eduardo alias Waldo y
· José Luis (el que escribe) alias Lawens.

Llegada (24 de Agosto de 2009)
El equipo Coleman Adventures 2009, compuesto esta vez por Coleman, Waldo y Lawens, llegó a la zona de acampada de San Nicolás de Bujaruelo al final de la tarde. Lo primero que hicimos, después de presentarnos ante la autoridad competente del Cámping, fue buscar un buen lugar donde montar nuestras tiendas. Veníamos cansados por el viaje y el calor y necesitábamos un sitio cómodo y mullido donde fuera fácil clavar las picas. Es importante dormir bien la primera noche para iniciar la travesía con ánimo optimista y en plenitud de facultades.


Durante el montaje de las tiendas tuvimos que soportar la incomodidad de una lluvia pasajera que ya venía barruntándose desde hacía rato por el aspecto que iban tomando las nubes. Por lo que respecta a las instalaciones, puede decirse que en general son bastante aceptables. Se trata más de un camping que de una zona de acampada, puesto que dispone de albergue, bar, restaurante y servicios limpios.


Después de haber preparado las tiendas de la manera más cómoda posible, decidimos reservar una cena en el mismo albergue, por cierto cocinada por un sherpa nepalí, que conocieron los que explotan el Cámping en una de sus expediciones al Himalaya y que viene todos los veranos a trabajar de cocinero en el refugio. El menú, muy rico y abundante, lo degustamos en compañía de una simpática chica holandesa y de su madre. Vivía en Huesca, era médico y hablaba un castellano muy bueno (no así la madre, que sólo sonreía y movía la cabeza para afirmar o negar), de manera que pudimos tener con ella una animada conversación. Tambíen estaba en nuestra mesa un hombre muy majete que venía de Barcelona. Después de cenar, un chupito, unos cigarritos y al saco, que esperaba nuestra primera jornada de marcha. La noche parecía ir bien hasta qué a las dos horas de meternos en las tiendas comenzó una tremenda tormenta con fuertes chaparrones y aparato eléctrico que duraría una hora aproximadamente. Los rayos iluminaban el interior de las tiendas como si el reportero del Heraldo de Aragón nos estuviera haciendo fotos con flash, y los truenos sonaban como auténticos cañonazos. Lógico, teníamos la tormenta justo encima.


Primera etapa (25 de Agosto de 2009)
Datos técnicos:
Ruta: S. Nicolás de Bujaruelo – Ibón y Puerto de Bernatuara – Valle de la Canau – Cabaña de Lourdes. Desnivel de subida 1.035 m., de bajada 445 m. . Tiempo total: 5h:35’ (Datos técnicos recogidos por un reloj Suunto Vector).


Descripción
A la mañana del día siguiente nos pusimos en pie a eso de las 7:00 am. Tardamos un poco más de lo previsto en deshacer las tiendas, todavía mojadas por la tormenta de la noche, y en prepararnos para la caminata. Era de prever, teniendo en cuenta que la primera etapa siempre es la que más cuesta arrancar. Tras limpiar y secar las tiendas, las dejamos junto con todos los trastos que nos sobraban en el maletero del único coche en que vinimos y revisamos las cosas que nos hacían falta para llenar nuestras respectivas mochilas. Desayunamos tranquilamente y nos echamos los macutos al hombro para comenzar la ruta. Caía una fina lluvia pero eso no impidió, como es tradición en nuestras travesías, dejar constancia del momento de la partida con una pequeña sesión fotográfica.


Al salir de la zona de acampada a eso de las 10:00 en nuestra dirección, nos topamos inmediatamente con el llamado "Puente de Bujaruelo" (1.338 m), que atraviesa el río Ara. A partir de aquí se inicia una subida progresiva entre pinos negros y abetos que obliga a hacer algunas "zetas" hasta encontrar la salida del bosque. Se abre entonces una espaciosa pendiente cubierta de prados y rocas donde dejamos a la derecha el refugio Plana Sandaruelo y una magnífica vista del Barranco de Lapazosa que sube hasta el Puerto de Bujaruelo o de Gavarnie y de la Escusaneta y los Gabietos mirando en dirección este-sureste. Mientras tanto seguimos ganando altura en dirección norte por el barranco de Sandaruelo que nos llevará al Ibón y Puerto de Bernatuara ya en el límite con Francia.


Superado un pequeño resalte se divisaba la impresionante panorámica del ibón de Bernatuara (2.305 m.), que más bien parece un volcán extinguido ya que está sito en una hondonada, y sin aparente desagüe natural. En dirección Norte, la senda transcurre por su orilla izquierda, llegando casi a tocar el agua durante un tramo. Aquí precisamente el trayecto invita a hacer una parada para contemplar el paisaje en toda su grandeza, descansar, remojar nuestros sufridos pies y tomar algo para recuperar fuerzas. Y así hicimos. Debo aclarar que durante toda la subida nos acompañó la lluvia que si bien no fue intensa sí que endurecía el trayecto por momentos.


Pasada una hora, retomamos la senda ascendiendo en zig-zag hacia el Puerto de Bernatuara 2.338 m). Alcanzarlo suponía llegar a la línea imaginaria que separa España de Francia. Ante nosotros, hacia el norte se abría la panorámica del valle de la Canau, con su suave paisaje de pastos, arroyos y vacas, muchas vacas, y muchas marmotas. Por ahí, en algún sitio escondido de esta postal, debía estar la cabaña de Lourdes (1.947 m.), refugio de pastores que tenía que servirnos para pasar la noche. Tras un rato achinando los ojos logramos por fin divisar un minúsculo punto blanco, como una construcción en mitad de las rocas y la hierba. Hacia allá nos dirigimos apartando vacas a cada paso. Después de una hora y media desde el Puerto de Bernatuara, a eso de las 15:30 llegamos a la cabaña de Lourdes.


Para nuestra sorpresa, la choza no estaba del todo mal acondicionada. Tenía dos habitaciones, estaba relativamente limpia y tenía un par de literas de hierro con somieres, pero sin colchones (solo había un par de ellos, ennegrecidos y cochambrosos), lo cual agradecimos de verdad, pues de haberlos, a buen seguro serían pasto de piojos y pulgas tan gordos como las vacas esas, ¡leñe!
Así pues, cada cual escogió la cama que consideró mejor para dar tregua a sus huesos. Estiramos los sacos para acomodarnos y sestear un rato. Teníamos buena parte de la tarde por delante, puesto que el recorrido de la etapa no fue demasiado largo. Sin embargo, había un detalle en el que todavía no habíamos reparado a pesar de su importancia: quedaba poca agua y debíamos encontrar más para beber y cocinar. Es cierto que en medio de un valle lleno de arroyos no tenía que resultar difícil encontrarla, pero he aquí el problema: estabamos rodeados de vacas que bebían de todos ellos. En conclusión, organizamos una pequeña expedición para remontar los riachuelos donde menor presencia de ganado había y más probable era dar con agua potable. Por fin llenamos las cantimploras y al poco de resegrar una tormenta que había tenido a bien esperarnos descargó con toda su furia.


Poco después de volver a la cabaña, mientras alguno se fumaba un "piti" de liar, divisamos a lo lejos una figura humana aproximarse hacia nosotros. ¡Bonjour! le espeté al viandante, pero no obtuve respuesta. Eso me contrarió: "joer con los gabachos, con lo educados que parecen ser", pensé. Resultó que era un tipo de Bilbao muy peculiar. Traía unas pintas poco montañeras. Más parecía un peregrino que un esforzado senderista de esos que les hace ilusión lucir su carné de la federación. De aspecto enjuto, como de monje zen o faquir. Al principio muy parco en palabras, pero luego fue soltándose y mostrándose más abierto. No tardamos en entablar una cordial conversación y tras las presentaciones y preguntas habituales sobre quienes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, se retiró a sus aposentos, en un habitáculo independiente al nuestro, y se puso a hacer posturas de yoga y meditación. Curioso para un montañero, ¿no? Bueno, a lo mejor es que todavía no he visto mucho mundo.


Y con esas, llegó la noche y la hora de cenar. Traíamos un fogón portátil para cocinar esos fideos chinos y los sobres de sopa instantánea que solemos llevar para el caso. También nuestro vecino portaba infiernillo y nos juntamos para hacer cháchara mientras hacíamos de marujos cocinillas de altura. El hombre se hizo un guiso de arroz de lo más curioso, con un poco de esto y un poco de aquello. Todo natural, es decir, el ajo era ajo, la cebolla, cebolla, el pimiento, pimiento… y así sucesivamente. Por supuesto, nos quedamos con caras de bobos de lo bien que se apañó para hacerse un comistrajo de lo más aparente, tú. ¡Vaya!, otra lección aprendida en la montaña.


Una vez lleno el buche y después de unos cigarritos de liar, un momento de relax de sobremesa sobre el suelo con una animada y amistosa conversación. Por mi parte, entre el murmullo de voces y alguna que otra risotada me fui quedando frito hasta la mañana siguiente.


Segunda etapa (26 de Agosto de 2009)
Datos técnicos:
Ruta: Cabaña de Lourdes – Barrage de Ossue – Gruta Bellevue – Refugio Bayssellance – Hourquette d’Ossoue – Petit Vignemale – Refugio de Bayssellance. Desnivel de subida 1.320 m., de bajada 570 m. . Tiempo total: 8h:10’ (Datos técnicos recogidos por un reloj Suunto Vector).


Descripción
Poco después del amanecer comenzamos a desperezar y muy lentamente cada cuál fue levantándose con parsimonia, casi a cámara lenta, como si estuviéramos en la Luna. Al cabo de un rato despejamos la zona de trastos para rehacer los macutos. Al salir afuera a tomar un poco de aire fresco nos dimos cuenta que el vecino ya se había dado el piro. Dijo que era de Bilbao pero a juzgar por su austeridad y rigor debía ser más bien espartano. Seguro que se fue a reunir en algún lado con el resto de sus 299 colegas.



Comprobamos que se había abierto un día soleado, sin riesgo aparente de cambios meteorológicos imprevistos. Desayunamos un cafecillo de sobre con galletas y cosas así como primer combustible para emprender la marcha hacia el Norte y alcanzar el refugio de Bayssellance, a los pies del mismísimo Vignemale y su atractivo glaciar, el más grande y espectacular de los que quedan en el Pirineo francés. A eso de las 8:30’ comenzamos a andar, el camino desde la choza invitaba a descender hacia el Barrage d’Ossue (La presa que retiene el agua del barranco de Oulettes). Cruzamos la presa y a partir de ahí había que tomar un sendero perfectamente trazado y señalizado tomando orientación al Noroeste. En este punto nos entretuvimos haciendo algunas fotos y viendo como unos carneros se enfrentaban entre sí dándose sonoros cabezazos.


La ruta continuaba una ascensión suave y progresiva durante una larga caminata hasta dejar entrever al final el comienzo de unas duras zetas que se entrelazaban entre las rocas, la tierra suelta y los arroyos de deshielo que cruzaban el sendero de vez en cuando. Aquí empezaba de verdad el terreno abrupto de alta montaña. Por cierto, tuvimos que atravesar con sumo cuidado un helero por cuya base el agua derretida había excavado un túnel. Al acabar las zetas se veía ya en lo alto de una loma el refugio de Baysellance. Diesel Juanan siguió al trantrán por el camino, mientras Waldo y Lawens trataban de acortar campo a través para llegar cuanto antes con la segura certeza de encontrar una buena birra y un piti de liar. Así lo hicimos, sentándonos a la solana mientras veíamos llegar a Juanan sudando la gota gorda.


Como la llegada a Bayssellance tuvo lugar a una hora relativamente temprana, hacia el mediodía, decidimos instalarnos, comer algo ligero y tras descansar un poco iniciar al comienzo de la tarde la ascensión al Petit Vignemale, cima de 3.032 metros de fácil subida y espectacular panorámica.


Desde lo alto se veía desde su cara Sur toda la enorme extensión blanca del majestuoso glaciar del Vignemale, que habríamos de pisar al día siguiente. Si te fijabas bien podías ver pequeños puntitos de gente caminando por su superficie. Siguiendo la misma cuerda de este monte se veía también la sucesión de picos de todo este macizo: Chausenque, Piton Carré, Pique Longue, Clot de la Hount, Cerbillona, Central y Montferrat. Al alcanzar la cima comenzó el tiempo a cambiar y a encapotarse, llenándose el pico de nubes. Había que empezar a descender para llegar de nuevo al refugio y pensar en cenar y descansar. La mañana siguiente iba a ser muy exigente, puesto que se trataba de la etapa reina de la travesía: glaciar y cima del Pique Longe de Vignemale (3.298 metros). A media tarde ya estábamos abajo y dispuestos a reponer fuerzas y comentar lo sucedido hasta entonces. No recuerdo muy bien cual fue el menú pero es cierto que en los refugios franceses en general se suele comer de manera bastante aceptable.


Tercera etapa (27 de Agosto de 2009)
Datos técnicos:
Ruta: Refugio Bayssellance – Glaciar d’Ossue - Pique Longe – Refugio de Baysellance - Hourquette d’Ossoue – Refugio de Oulettes de Gaube. Desnivel de subida 930 m. aprox., de bajada 1450 m. Aprox. Tiempo total: 8h (Aproximadamente).


Descripción
Al día siguiente tuvimos buen tiempo para acometer nuestra particular conquista del Vignemale. La ruta de la ascensión nos obligó a volver sobre un pequeño tramo del sendero que tomamos para llegar al refugio. Inmediatamente giraba a la derecha, siguiendo un estrecho camino por la pared de una faja que habría de llevarnos a un nuevo cambio de sentido hacia la izquierda a través de un paso un tanto comprometido (en opinión de Lawens) que obligaba a pasar un helero. Una vez superado éste, la ruta transcurría de manera laberíntica por un paraje de grandes rocas erosionadas por el glaciarismo y arroyos de deshielo. En ocasiones teníamos que tirar de manos para progresar o saltar de una roca a otra como torpes sarrios fuera de lugar. Por fín llegamos a la base del glaciar, donde nos calzamos los crampones. Sin embargo, como siempre surge algún impevisto, a Juanan no le encajaba bien uno del par que llevaba. Lawens le quiso dejar los suyos y largarse de regreso al refugio. Por supuesto, Juanan no aceptó y finalmente se nos ocurrió que era posible intercambiar los crampones de cada par que se ajustaran mejor a las botas de ambos. Entre pitos y flautas y tras romper una buena navaja de Waldo al intentar aflojar los tornillos de los crampones pasó una hora hasta que cerca de las 11 h. pudimos reemprender la marcha.

Empezamos la subida, al comienzo por hielo gris, muy duro y con mucha pendiente. Si vas con mucho ojo los puedes advertir con tiempo y evitarlos. Además, hay que procurar seguir siempre las huellas que van dejando los que suben por delante, que forman la senda más fiable. Lawens, viendo el camino franco y siguiendo la estela de una pareja que acababa de rebasarnos, tiró fuerte hacia arriba dejando a Juanan y Waldo a su ritmo. Tal vez por cabezonería o por impaciencia. No se volverían a encontrar hasta la cima del Vignemale.

La ascensión por el glaciar es espectacular. Pasado el primer tramo la pendiente se hace más suave y se anda bastante bien. El Glaciar lo cruzamos en diagonaly llegados al "Plateau" aparecen las grietas y el hielo gris, que hace a estas alturas de la temporada (finales de agosto) absolutamente imprescindible la subida con crampones y recomendable el piolet. Para subir al Pique Longe hay que alcanzar el borde derecho del circo del glaciar, un poco antes de llegar a las cuevas artificiales excavadas en la roca como refugio. Aquí hay que quitarse los crampones y se recomienda dejar la mochila para hacer más cómoda la subida. También es muy aconsejable llevar casco de montaña, puesto que el empinado ascenso a la cumbre transcurre entre salientes de rocas en las que hay que buscar apoyos en muchas ocasiones y es muy fácil que pueda haber desprendimientos. De hecho, Lawens, que iba a cierta distancia por detrás de dos montañeros, tuvo que esquivar como pudo una roca de calibre respetable que iba directa hacia él a causa de un falso paso dado por uno de los componentes de la pareja que le precedía. De todos modos, la subida hasta a la cima no reviste demasiada dificultad si se va con un mínimo de cuidado y mirando bien por donde progresar. La recompensa de todo este esfuerzo es inolvidable.


Conquistar el vértice geodésico que corona el Pique Longe te da una satisfacción especial. Se siente algo diferente a otras montañas. Es una montaña singular para los montañeros que frecuentan los Pirineos y proporciona uno de los panoramas más impresionantes que puedan admirarse en estas montañas. Tuvimos la fortuna de que el día nos regalase las condiciones climatológicas óptimas para disfrutar de toda esa belleza y hacer las fotos que soñábamos. Al encontrarnos los tres en la cumbre nos fundimos en un emotivo abrazo y nos quedamos unos momentos extasiados con el paisaje y llenos de alegría por haber logrado nuestro objetivo principal: la cumbre del Pique Longue del Vignemale (3.298 m.).


Iniciamos la bajada con precaución y sin ninguna incidencia. Recogimos el macuto y los crampones para volver a calzárnoslos y descender tranquilamente por la pendiente del glaciar y alcanzar la zona de grietas y después la zona rocosa que precede a la senda que conduce de nuevo al refugio de Baysselance, al que llegamos pasado el mediodía. Después de reponer fuerzas comiendo y bebiendo algo y descansando lo necesario, decidimos partir en dirección al refugio de Oulettes de Gaube (2.154 m.) siguiendo la senda del GR-10 HRP. Esto ocurrió a media tarde.


A través de un sendero perfectamente trazado y señalizado caminamos el resto de la tarde sin mayores complicaciones que aguantar fatigosamente el calor de un sol de justicia. Al final de la tarde llegamos al refugio, un poco cansados por toda la paliza acumulada en el transcurso del día.


Mientras Coleman fue a recepción a dar cuenta de nuestra llegada, Waldo y Lawens no pudieron resistir la tentación de acercarse al Río que bordea el refugio, que procede del deshielo del Glaciar de Oulettes en la cara Norte del macizo, para darse un pequeño chapuzón en sus heladas aguas y quitarse el sudor y la mugre de los dos últimos días de caminata. Entre otras cosas, porque el refugio de Baysellance no disponía de duchas para evitar la degradación del entorno ambiental.


El refugio de Les Oulettes de Gaube está muy bien, tiene unas instalaciones muy bien cuidadas, es amplio y confortable. Los dormitorios están orientados hacia la cara más espectacular del macizo Vignemale y a la zona lacustre que se extiende a sus pies, con vistas al Glaciar des Oulettes y al glaciar del Petit Vignemale y del impresionante Couloir de Gaube además, no son nada agobiantes porque son amplias y tienen de muchas ventanas para ventilar bien la habitación y contemplar el panorama tirado en la litera. Otro de los puntos fuertes de este refugio es su cocina, con platos sencillos pero muy ricos. El guarda es muy amable y simpático, y procura tratar a toda la gente con la misma atención. Después de la cena salimos a disfrutar de una hermosa noche estrellada hablando de las incidencias del día y Waldo no desaprovechó la ocasión de deleitarnos con un recital de guitarra que improvisó con los ayudantes del guarda del refugio. Poco después de las 9 nos fuimos a dormir.


Por cierto la vista del macizo por su cara norte, desde el refugio de Oulettes de Gaube, es impresionante y por las fotografías que vimos todavía más en invierno con nieve.


Cuarta etapa (28 de Agosto de 2009)
Datos técnicos:
Ruta: Refugio de Oulettes de Gaube – Puerto de los Mulos – Valle del Ara – San Nicolás de Bujaruelo. Desnivel de subida 520 m., de bajada 1.295 m. . Tiempo total: 6h:30’ (Datos técnicos recogidos por un reloj Suunto Vector).


Descripción
Con esta etapa, la más larga (en distancia) con diferencia, debíamos dar por finalizada la vuelta al macizo del Vignemale y cerrar el círculo que iniciamos en S. Nicolás de Bujaruelo. Técnicamente, la única dificultad consistía en ir tirando millas a un ritmo constante para que no se nos echara el tiempo encima, puesto que ese mismo día habíamos de regresar a nuestros lugares de partida. Se trataba de continuar el sendero, superando primero el Puerto de los Mulos (2.591 m.) que conduce al Circo del Ara, comienzo del valle del mismo nombre, donde es muy fácil encontrar grupos de sarrios a poca distancia. El resto de la etapa consistiría en continuar por este valle en paralelo al río atravesando praderas y zonas de pasto hasta alcanzar la zona boscosa que cubre el último tramo de la ruta hasta la zona de acampada en S. Nicolás de Bujaruelo a 1.338 m. de altitud.


La salida del refugio, a primera hora de la mañana, fue preciosa, con todo el lago entre brumas. La niebla nos acompañaría hasta la mitad de la ascensión al collado. A partir de aquí, buen tiempo y un sol radiante hasta el final del trayecto. Hicimos una parada y al mirar hacia atrás nos quedamos embobados con la perspectiva del mar de nubes que tapaba el fondo del valle de donde veníamos y el contraste que hacía con la cara Norte del macizo, que comenzaban a recibir los primeros rayos de sol, cambiando de color a cada momento. La montaña en estado puro. Sólo eso ya compensaba la paliza de caminata que nos esperaba.


Por lo demás, la llegada a Bujaruelo ocurrió según lo previsto, de manera que sobre las tres de la tarde ya estábamos tomando una buena jarra de cerveza en el albergue de partida y picando algo para comer. Nos dio tiempo antes a darnos un baño reparador en la pequeña playa de cantos que forma el río Ara bajo el Puente de Bujaruelo.


Esto fue todo, a la espera de una nueva aventura el próximo año.
Saludos a todos los que han querido leer esta breve descripción. Espero que os haya resultado entretenida.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Desde la puerta del cielo

Bueno, ya estamos de vuelta y quería aprovechar para colgar las primeras impresiones sobre la ruta que hemos hecho este año: la Porta del Cel (la puerta del cielo).

Lo primero es constatar que San Pedro no estaba allí, nosotros al menos no lo vimos, o a lo mejor se encontraba de vacaciones. Lo que sí encontramos es a unos cuantos Sky Runners que se merecen el cielo por el imponente esfuerzo que hacen al intentar completar el itinerario en menos de 24h (el record está en 11h 57’). Yo me quedé alucinado viendo como estos super hombres suben y bajan por esas pendientes imposibles a toda pastilla, y como son capaces  de desafiar la verticalidad machando el cuerpo y la mente simplemente porque "Las montañas están ahí".¡Impresionante!. Lo nuestro es otra liga y nuestro plan era completar el mismo recorrido pero parando en los refugios para cenar y dormir, haciendo un montañismo para gourmets mas pausado aunque también muy exigente.


Yo me encontraba en peor forma que otras ediciones ya que no he hecho casi nada de deporte en este último año por razones varias. Sin embargo y a pesar de la falta de forma iba más preparado y relajado que nunca lo que sin duda complementó mi falta de preparación física.


El itinerario resultó mucho más exigente y técnico de lo que yo pensaba en un primer momento. Salimos del refugio de Vallferrera hasta Tavascan, fue una etapa que resulto dura sobre todo al final cuando ves el pueblo abajo en el valle y no terminas nunca de llegar por lo tortuoso del camino final: una senda que serpentea por la ladera casi vertical que cae hasta el valle del río la Noguera de Lladorre. En el pueblo había fiestas y estuvimos reponiendo fuerzas y deleitándonos con el grupo musical "del Rafa" y su hit "Sento pessigolles"... no hay palabras.

Al día siguiente salimos temprano de Tavascan hacia el refugio de Certascan. Pasamos primero el camping de Graus para sellar el itinerario y coger unas camisetas de regalo que hacen a los sufridores del recorrido. Continuamos el recorrido hacia las casas de Noarre un pequeño pueblo que solo está habitado en verano. Subiendo al Coll de Certascan no dimos un baño en la cascada que baja de los ibones que están al pie del pico Certascan, reponemos fuerzas y para arriba otra vez. Llegamos al refugio a mitad de tarde y tras descansar y cenar un poco fuimos a la piltra.

El nuevo día nos llevó al  refugio de Pinet. Esta es probablemente la etapa más dura y técnica de todo el recorrido pasando por tres collados siguiendo un camino a veces difícil de encontrar por falta de señalización. Además al final hay que atravesar un torrente que tiene un helero permanente, y trepar por un cable enganchado a la roca para acceder al ibón donde está el refugio. La trepada del cable no es muy complicada pero hay que tener mucho cuidado porque las presas se mueven y si subes en plan los hombre de Harrison cogiendo el cable puedes acabar enredado y agotado de tanto esfuerzo.

El refugio de Pinet resulto un lugar acogedor, con un montón de personajes curiosos, a los que fuimos bautizando como de costumbre: un par de hippies de la vieja guarda que se parecían a los barbudos de ZZ Top; un tipo que era como una especie de gigoló de montaña que se dedicaba a intentar entablar conversación con todo lo que se pareciera una mujer y que al final de la cena acabó con los ZZ Top debido al poco interés que despertó en las escasas féminas que había en el refugio. Tras la cena Eduardo nos deleitó con algunas canciones a la guitarra junto con el guarda  Patrick, un personaje pintoresco que pasó del mundo del teatro y la música a regentar un refugio en medio de ninguna parte. La noche fue preciosa con la luna llena de fondo y este Patrick aporreando la guitarra y aullando como un lobo en celo, mientras las mujeres del refugio se quejaban porque no podían dormir... "¡dorgmir no,no,no, aquí no se duergme hasta las dieess y mediaaa!".Decía. El motivo de la fiesta -animación como lo llamaba él- estaba justificado porque habían venido dos guardas de un refugio cercano de visita. Estos nos comentaron que últimamente estaban apareciendo osos por aquellos parajes venidos de francia donde han repoblado con osos de Rumanía, y pasamos un rato francamente agradable contando batallitas. Eduardo y yo nos acostamos más tarde que el resto del grupo, y para no molestar a la gente que ya estaba durmiendo Patrick nos dijo que podíamos dormir  en una especie de terraza de madera mitad biblioteca mitad lavandería que había en la parte superior del comedor.

La etapa final nos conduciría a la Pica d' Estats (el pico más alto de Cataluña 3.143 m) y al refugio de Vallferrera que era nuestro destino final. La subida por la cara norte, desde Pinet al collado de acceso a la Pica d'Estats, fue dura sobre todo por el viento infernal que corría entre las montañas, pero por lo demás está muy bien señalizada y la pendiente es continua pero fácil de subir, lo que agradecieron cansadas piernas. En la pica nos encontramos a un montón de gente que había subido desde la cara sur que da al valle de Valferrera y la gente que subíamos desde Pinet, nos hicimos la foto típica en la cruz de la pica y comenzamos la bajada. Por el camino de bajada tuvimos rodear la pica hacia el oeste y  pasar por un gran nevero que había camino a los ibones que hay al pie de la pica ya en territorio Español. Después de los preceptivos baños en los ibones  helados llegamos al refugio de Vallferrera cansados pero satisfechos. ¡Y esto es todo amigos!.

sábado, 21 de agosto de 2010

Checklist de material para hacer Hiking por los Pirineos en verano

Esta es una lista de material aconsejable para las travesías de varios días por los Pirineos en verano. 

Material
  • Mochila de 50 litros
  • Saco de dormir ligero, hay también unas almohadas muy ligeras y compactas que nos pueden evitar más de una tortícolis. Si se duerme en refugio se puede optar por una sábana saco
  • Hornillo, navaja, tartera, cuchara y tenedor
  • Taza y bidón de agua de 2 litros de aluminio
  • Linterna frontal
  • Tienda de campaña para vivac si no tenemos refugios reservados.
  • Bastones de montaña
  • Crampones y piolet (dependiendo de la travesía que hagamos y de las condiciones del terreno)
Indumentaria
  • Chaqueta cortavientos impermeable y a ser posible transpirable o Gore-Tex
  • Polar fino para las noches frías
  • Camisetas y/o camisa transpirables
  • Pantalones ligeros técnicos
  • Ropa interior y calcetines gruesos para evitar rozaduras de las botas
  • Botas de montaña
  • Chanclas ligeras para descansar de las botas
  • Gorra y buff
Comida
  • Barritas energéticas de cereales y frutas
  • Pastillas de Isostar para complementar el agua pura de deshielo
  • Sobres de café
  • Comida de ataque: frutos secos, y algún tipo de pasas (ciruelas, uvas, ...)
  • Comida más contundente para las cenas: comida preparada deshidratada
Otras cosas
  • Cámara fotográfica
  • Gafas de sol
  • Protección solar
  • Vaselina para las rozaduras
  • Pequeño botiquín
  • Toalla de las que secan rápido  
  • Tapones para los oídos. Por las noches en los refugios y en la tienda te puede tocar algún compañero que ronque como un cerdo y te fastidie el sueño

lunes, 5 de julio de 2010

Travesía 2010 - La porta del Cel

Aquí publicamos nuestro esperado itinerario de este año 2010. Esta vez será en el Pirineo Catalán en una ruta conocida como Porta del Cel, subiendo a la Pica d’Estats que es la montaña más alta de Cataluña. A la vuelta publicaremos el relato de lo sucedido si la diosa Gea quiere.


1ª ETAPA:
De Tavascan, 1116 m. al camping de Graus, 1360 m.
Desnivel: +290 m., -50 m.
Longitud: 4,2 kms.
Horario: 1.30 horas

2ª ETAPA:
Del camping de Graus,1360 m. al refugio de Certascan, 2240 m.
Desnivel: +1500 m., -620 m.
Longitud: 12,5 kms.
Horario: 6.20 horaslicando en la imagen puedes acceder a la descripción de cada etapa

3ª ETAPA:
Del refugio de Certascan, 2240 m. al refugio de Pinet, 2240 m.
Desnivel: +1350 m., -1350 m.
Longitud: 13,3 kms.
Horario: 7.45 horas

4ª ETAPA:
Del refugio de Pinet, 2240 m. al refugio de Vallferrera, 1940 m.
Desnivel: +1100 m., -1400 m.
Longitud: 13,3 kms.
Horario: 7,15horas

5ª ETAPA:
Del refugio de Vallferrera, 1940 m. a Tavascan, 1116 m.
Desnivel: +1315 m., -2100 m.
Longitud: 20,3 kms.
Horario: 9.30horas.



viernes, 22 de agosto de 2008

Cuaderno de Bitácora Travesía 2008



“... no tengo ninguna necesidad de tener que pasar por esto...”

Momentos lawens


Recorrido:


Primer día. Llegada y acampada en el Cámping Pineta. Cenuki en El Canguro Truchero... cojonudo.
Segundo día. Parzán-Barranco de Urdiceto-collado de Urdiceto-Hôpital de Rioumajou
Tercer día. Hôpital de Rioumajou-Puerto de la Madera-Biadós con ascensión al pico Culfreda (3.035) o Batouas.
Cuarto día. Biadós (camping Forcallo)-Collado de Eriste-Forcau (refugio Ángel Orús) con ascensión a la Forqueta (3.015).
Quinto día. Etapa estrella con ascensión al Posets. Refúgio Ángel Orús-Posets-Cascada de la Aigueta de Eriste.


Día 2.8.2008

A mediodía, Juanan (“Coleman”), Quique (“Kikoto”) y José Luis (“Lawens”) llegamos a Zaragoza para recoger a Eduardo (“Waldo”) y seguir viaje al Pirineo. Después de algunas compras de última hora en grandes superficies para completar la equipación (piolet, sombrero, pastillas isotónicas, botella de litro y medio, libreta de notas, cortauñas, esponja para limpiar las tiendas, tarjeta de memoria para cámara de fotos), emprendimos camino a Bielsa a eso de las cuatro de la tarde. La tarde era muy calurosa, así que en Grado decidimos hacer un alto para refrigerarnos. Al pasar por la presa, de nuevo recordamos el dato que a “Coleman” tanto le gusta apuntar: “ahí está, la presa de Grado, la mayor presa de gravedad de Europa”. No sabemos hasta qué punto es cierta esta información, pero la damos por válida.

Llegada a Bielsa desde Zaragoza sobre las 7:30 pm. Tras visitas la oficina de turismo local y recoger algunos folletos informativos nos dirigimos al “Camping Pineta” (buenas instalaciones y trato amable) en el que íbamos a pernoctar esa noche. A las 8:15 empezamos a montar las tiendas (dos tiendas de dos plazas) y preparar los sacos. A nuestro pesar, enseguida nos dimos cuenta que aquello estaba lleno de mosquitos.

Acabados los preparativos para instalarnos llego la hora de reponer fuerzas. Quique propuso ir a cenar a un chiringuito con buena pinta que encontramos antes de llegar al camping, a un par de kilómetros en dirección a Bielsa. Así que a las diez menos cuarto estábamos ya en el “Kanguro truchero”, lugar recomendable y muy apropiado para tomar unas buenas jarras de cerveza con comida típica del lugar. Nos sentamos afuera, bajo los árboles de la terraza y al borde del río de montaña que pasaba por allí. El menú consistió en ensalada para todos, una ración de longaniza frita, dos truchas con guarnición, dos platos de estofado de cordero, dos flanes con nata, dos helados “magnum” blancos, tres cafés de puchero, una infusión y cuatro orujos; todo ello al módico precio de 72,40 €. Era la noche anterior a la primera etapa y hablamos de lo que nos íbamos a encontrar a lo largo de la ruta y de otras “lindezas” entre risas y todo tipo de comentarios soeces con ayuda de los destilados alcohólicos suministrados amablemente por la camarera de la casa, quién, además, aceptó hacer nuestra primera foto de grupo.

Por cierto, este restaurante de carretera debe su curioso nombre a su antigua propietaria, una señora de origen australiano y que hace treinta años decidió vender el local a sus actuales dueños, gente de la vecina Bielsa cuyo trato al cliente nos pareció más que correcto.


Día 3.8.2008

El primer día de marcha nos despertamos sobre las 7:00 am. Como siempre, Lawens y Waldo son los primeros en ver la luz del día, viéndose obligados a despertar al resto del equipo, dos “marmotas” en estado catatónico. Tras desmontar las tiendas, secarlas, recoger el material y asearnos un poco, nos dirigimos al bar del camping para desayunar tres cafés con leche, una taza de Cola-Cao y cuatro tostadas de auténtico pan de pueblo con mantequilla y mermelada (a 4,00 € por persona). Al acabar, “lavapiños” y “giñadas”.

Como nos habíamos enrollado bastante, la salida hacia Parzán con nuestro coche sufrió un ligero retraso sobre el horario previsto, de manera que llegamos al punto de partida en torno a las 10:00 am. Allá, en la entrada del Barranco de Urdiceto a 1.200 de altura, en un rellano a la derecha de la carretera antes de llegar a una estación eléctrica situada pasados un par de kilómetros del pueblo de Parzán (Central de Barrosa), aparcamos el coche e iniciamos el recorrido en dirección a Rioumajou, meta de esta primera etapa.

A través de una ancha pista forestal muy bien marcada que transcurre entre un espeso bosque de pinos, avellanos, serbales y otros árboles frondosos en paralelo al barranco de Ordizeto, empezamos a caminar hacia el Este en dirección al puerto del mismo nombre que comunica con el vecino valle de Rioumajou, ya en el lado francés. La pista forma parte del sendero de gran recorrido GR 11. Aproximadamente dos horas más tarde llegamos a la altura de la central eléctrica de Urdiceto, donde a través de una canalización aprovecha la energía potencial del agua represada en el Ibón del mismo nombre. 45 minutos más tarde y ascendiendo de forma muy progresiva y cómoda llegamos a un desvío señalizado como “Ruta pirenáica” que sube hacia la izquierda de manera casi imperceptible, separándose así del tramo del GR 11 que conduce al Ibón d'Ordizeto. Antes de tomar dicho desvío hubo un momento de duda. Waldo y Kikoto siguieron el camino la pista del GR 11 creyendo que era la ruta correcta. Por su parte, Coleman y Lawens decidieron seguir por el desvío que resultó ser el acertado (como siempre que deciden algo estos dos). Como todavía éstos podían verlos a lo lejos, lograron avisarles de su error desgañitándose a gritos. Ver a gente transitar por la senda de la izquierda confirmó que estábamos en el buen camino. Sobre las 14:15 pm alcanzamos el Puerto d'Ordizeto (2.410 m). Allí descansamos un rato (20'), nos hicimos unas cuantas fotos y charlamos con un senderista francés que había llegado antes que nosotros. El camino en lo alto del puerto estaba marcado como una de las rutas del Camino de Santiago. De hecho, nuestro lugar de destino de la etapa era un antiguo hospital para peregrinos cuyos orígenes databan de la Edad Media, aunque hoy día es una posada para turístas de construcción moderna. La bajada del puerto transcurrió entre prados de alta montaña donde pastaban algunos rebaños de vacas de la raza parda alpina. A mitad de camino decidimos parar para comer y, puesto que tuvimos un día muy bueno, tendernos un poco al sol. En la distancia, al fondo del valle, ya podíamos divisar el “Hôpital de Rioumajou”. Sin embargo, todavía quedaba un buen trecho a través de un estrecho y pedregoso sendero de bajada que poco a poco se iba internando en los bosques del valle. Al final, sobre las 17:05 pm llegamos a la extensa pradera donde se asentaba el antiguo Hospital de Rioumajou (1.560 m), actualmente bar y zona de acampada libre. Se trata de un lugar muy agradable que se encuentra atravesado por el río de montaña que da nombre a este valle.

Como no podía ser de otro modo, a nuestra llegada nos sentamos en la terraza de la posada para beber unas bien merecidas cervezas. Pensar en una buena jarra de cerveza suponía en cada etapa un gran estímulo que nos hacía recuperar el ánimo en los momento más duros. Descubrimos que tenían un jarabe de limón que le daba a la cerveza un estupendo y refrescante sabor, al estilo de la cerveza con limón de “Los Espumosos” de Zaragoza. Suponemos que debimos beber cerca de un litro cada uno, además de la ronda extra, que antes de cerrar el establecimiento con puntualidad británica a las 18:00 pm, corrió a cuenta de la pareja que regentaban el bar, con quienes tuvimos una simpática y amena conversación, por supuesto en francés. Fueron ellos quienes nos dijeron que en un lateral de la casa tenían habilitado una especie de refugio cerrado para guarecer a los campistas en caso de tormenta. Como hacía buen tiempo, decidimos ahorrarnos la molestia de montar las tiendas e instalarnos ahí por esa noche. El refugio consistía en una pequeña habitación con una puerta de madera como única ventilación y único acceso, a la que se llegaba subiendo unas escaleras exteriores cubiertas. Delante de la puerta había una especie de galería abierta que utilizamos como cocina y lugar donde dejar las mochilas. El interior estaba completamente limpio y liso, aunque el suelo era de duro cemento. En general, dormimos bien, pero no de un tirón sino como se suele dormir en el monte: a cabezadas, despertándose uno varias veces cada noche para volver a retomar el sueño al cabo de un rato.

Datos técnicos:
  • Ascenso: 1.230 m
  • Descenso: 845 m
  • Tiempo total (con paradas): 8:30'

Día 4.8.2008

La etapa de este día habría de llevarnos al camping “El Forcallo”, muy próximo al refugio de Biadós. Para ello tuvimos que levantarno. muy temprano, a las 7:00 am. Aprovechamos el tiempo ganado por no haber montado las tiendas para recoger pronto y ponernos en ruta cuanto antes porque el día se preveía muy caluroso.

Nuestro primer objetivo era alcanzar el Puerto de la Madera, a unos 2.550 m. de altitud, collado que permite el paso a España, al Valle de Chistau, desde el de Rioumajou. A través de una estrecha senda bien marcada con señales de pintura amarilla, ascendimos progresivamente mientras íbamos dejando poco a poco a nuestra izquierda el barranco de Cauarere. A media ladera, cuando se llega a la altura del arroyo (a una hora de camino aproximadamente a 1970 metros) se encuentra una bifurcación: por un lado, un camino, marcado con círculos blancos cruzando el riachuelo, continuaba en línea recta ascendiendo en paralelo al arroyo en fuerte pendiente hasta el Collado de Caballera; por el otro, una senda señalizada con círculos amarillos subía por la derecha haciendo algunas “zetas”. Una mirada al mapa despejó la duda. El camino correcto era el “amarillo”. De haber continuado por el otro, la subida hubiera sido tremendamente empinada, si bien, hubiéramos llegado a nuestro objetivo. Tras una parada “técnica” para descansar un rato, beber agua del barranco y reponer fuerzas con algo de comer y un “pastillazo” isotónico, seguimos el ascenso hacia el Puerto de la Madera, ya por zona de prados de alta montaña. Antes del último tramo, nueva parada para reponer agua en un manantial (una botella de vino francés vacía permitía rellenar con comodidad las tazas y las cantimploras, ya que el agua surgía casi a ras de suelo; seguramente la dejaría el pastor que cuidaba de sus ovejas en un prado cercano).

A las 11:50 llegamos al Puerto de la Madera (2550 m). Una vez aquí, el plan consistía en descansar y dejar las mochilas para atacar, a nuestra izquierda, la cresta que lleva a la Punta Caballera y, un poco más allá, al Pico Culfreda o Batoua (3.034 m. de altura). El sol pegaba fuerte, pero la brisa de las cumbres aliviaba un poco el calor, haciendo más soportable el continuo sube y baja del recorrido. Aunque éste no ofrecía gran dificultad técnica, a veces había que utilizar las manos para superar algunos resaltes. Después de hacer cima en el Culfreda (14:00) y de las fotos de rigor, comenzamos el descenso (14:30) cresteando hasta el Puerto de la Madera, donde habíamos dejado los macutos. El cansancio acumulado y el calor nos hizo un poco duro el regreso. Sobre las 15:45 llegamos al collado muy fatigados, pero con la sensación de haber conseguido lo que nos propusimos.

A las 4:30 pm iniciamos la bajada hacia el camping “El Forcallo”, atravesando prados de alta montaña con un relieve suave que no presentaba excesivas complicaciones. A media ladera nos internamos en una zona boscosa en la que hicimos un alto para beber de un arroyo que bajaba a la derecha de la senda y cuyas aguas tenían un fuerte sabor a hierro. El cansancio era ya bastante evidente y continuamos bajando casi al límite de nuestras fuerzas hasta alcanzar la pradera de Tabernés, muy cerca del final de la etapa. Allí, el último tramo arrancaba desde una palanca que cruza el río Zinqueta. El terreno, un poco abrupto por la presencia de guijarros de gran tamaño y a ratos encharcado por pequeños arroyos, avanzaba entre los frondosos árboles del bosque, cada vez más encajonado entre el río y el monte. Por fin, pudimos vislumbrar el Campamento Virgen Blanca, muy próximo al camping, cuyas inmediaciones alcanzamos a eso de las 6:30 pm. Más que nunca habíamos merecido disfrutar la recompensa de las cervezas, trofeo diario a un esfuerzo que hoy había fundido todas nuestras energías.

Así pues, mientras Coleman se ocupaba de los trámites necesarios para registrarnos en el camping, comenzamos a dar cuenta de unas “birritas” mientras recuperábamos fuerzas para instalar las tiendas. Un señor que debía trabajar en el camping portaba una garrafa de agua que parecía traer de algún manantial cercano. No dio a probar un vaso y la verdad es que era exquisita. Al preguntarle donde estaba la fuente, el muy taimado se negó a indicarnos el sitio con evasivas. Respetamos su actitud y no quisimos insistir más.

La casualidad quiso que Lawens se encontrara allí a un tal Chema, veterano montañero de un club de Zaragoza con el coincidió este pasado invierno en una salida de fin de semana a Zuriza, en el valle de Ansó. Ambos recordaron la anécdota ocurrida una noche en el refugio de Zuriza, donde Chema la lió cuando, con unas cuantas copas de más en el cuerpo, entró a última hora en dormitorio, repleto de literas con gente intentando conciliar el sueño, metiéndose por error en la cama ocupada por una chica de su club. Su comentario: “... estos bultos de quién son...” desató la risa de los que estaban alrededor, provocando las protestas de quienes intentaban dormir. Cuando Chema atravesó el pasillo para ir al baño cruzó unas “amables” palabras con un montañero vasco (oye... vale ya, aquí se viene a dormir... - calla vasco... - ¡payaso!... - ¡payaso tú!...) que hizo subir la tensión en un ambiente ya bastante “caldeado” por el cachondeo de unos y el cabreo de otros.

Después de las cervezas fuimos a montar las tiendas con “alegría”. Escogimos un buen sitio bajo un par de árboles. El momento fue muy divertido, riéndonos de cualquier tontería que hacíamos y de nosotros mismos. Enfrente teníamos la tienda de una familia holandesa que alucinaban en colores con el espectáculo que les dábamos. Luego nos pegamos una buena ducha y lavamos algo de ropa.

A las 9:00 pm entramos en el bar para cenar, que buena falta nos hacía. Como lobos hambrientos nos dispusimos en torno a una mesa de cuatro plazas a la espera del menú, consistente en: caldo “cobarde” (de gallina), guisantes salteados, estofado de cordero, yogur natural y un chupito de pacharán casero muy rico. Todo por 62,40 €. Al acabar la cena, Lawens se “empiltró” y los demás decidieron estirar las piernas con un pequeño paseo hasta el río antes de meterse en los sacos. El precio de la estancia en El Forcallo, por dos tiendas y cuatro personas, fue de 23,40 €.

Datos técnicos:

  • Ascenso: 1670 m
  • Descenso: 1625 m
  • Tiempo total (con paradas): 10 h 10'

Día 5.8.2008

Una vez más, Waldo y Lawens tuvieron que despertar a Coleman y Kikoto. Aunque el despertador sonó a las 7:00, perdimos bastante tiempo antes de salir porque decidimos prepararnos el desayuno con lo que traíamos. Disponíamos de dos fogones portátiles, sobres de café, tubos de leche condensada, galletas, barras de cereales, etc. Kikoto preparó además un cazo con muesli y chocolate de esos que vienen en un sobre envasado al vacío para llevarlos a la montaña con comodidad.

Entre unas cosas y otras, salimos a las 9:00 am del camping en dirección al refugio Ángel Orús o “El Forcau”, pasando por el durísimo Collado de Eriste, primera cota importante de esta etapa, a casi 2.800 m. de altura. Empezamos el camino por la senda que hay al pasar el puente de madera que salva el Zinqueta frente a la entrada del camping; siguiendo justo a la izquierda continúa una senda ancha y cómoda marcada por una “X” (señal equivocada del GR), puesto que es la que lleva a San Juan de Plan, que está en la dirección opuesta. Un poco más allá, el camino se bifurca. Tomamos la ruta de la izquierda, que transcurre por zona boscosa por encima de las granjas de Biadós y del refugio del mismo nombre. A unos doscientos metros nos topamos con el cruce del sendero GR 11.2, que sube hacia el collado y el Ibón de Millars en paralelo al barranco de la Ribereta. A partir de ahí, no íbamos a abandonar el camino hasta llegar al refugio Ángel Orús. Comenzamos a ascender progresivamente dejando a la derecha el río del barranco y, tras una breve parada para beber en una curiosa fuente de aguas ferruginosas, continuamos la subida hasta el paraje llamado Las Tuertas, al pie de un nevero horadado por un torrente que bajaba del Tucón Royo. Aquí se acababa el bosque. Como a partir de aquí el sendero se hacía ya muy empinado, viendo la belleza del lugar y la dureza del tramo que nos esperaba, decidimos hacer un alto para comer algo, tomar pastillas isotónicas y llenar cantimploras con agua de mejor sabor. Después de unos minutos de descanso volvimos a emprender la marcha por las zetas del GR 11.2 hasta alcanzar la señal que indica el desvío de la senda del Ibón de Millars y la subida al Collado de Eriste. Ésta transcurre por una fuerte pendiente de tierra suelta y hierba y desemboca en el comienzo de la tartera que preside dicho paso. Se trata de una amplia pedrera de grandes bloques donde hay que estar muy atento a los mojones, puesto que el sendero aparece y desaparece entre las rocas. El final de la tartera es un empinado camino de tierra suelta salpicado de neveros que es preciso a travesar con cuidado. Ahí las fuerzas empezaron a flaquear, obligándonos a ascender con pasos más cortos y lentos. Waldo y Lawens llegaron los primeros al collado sobre las 13:45 pm. Unos minutos más tarde llegaron Kikoto y Coleman.

En el Collado de Eriste hicimos una parada para dejar mochilas y palos e iniciar la subida a la Tuca Forqueta, pico de 3.010 metros. Lawens, algo cansado, se quedó en el collado mientras los demás alcanzaron con éxito la cumbre después de una hora de ascensión y bajada. Tras un nuevo descanso para comer y beber algo y después de unas fotos, comenzamos a bajar desde las alturas. Pero antes de salir tuvimos una bonita experiencia: dos quebrantahuesos pasaron muy cerca, por encima de nuestras cabezas, emitiendo un extraño zumbido mientras batían lentamente sus alas de forma majestuosa.

La bajada, primero entre pedreras y manchas de nieve y luego por prados de alpe, transcurrió tranquila. Paso a paso llegamos al Ibón de Llardaneta, donde nos mojamos las piernas en sus heladas aguas. Pasado el ibón, un poco más allá, nos encontramos en la Pleta de Llardana, muy cerca del último tramo que nos dejaría en el Ángel Orús (2.095 m). El recorrido, jalonado por mojones muy visibles, continua un sendero de tierra y gravilla entre peñascos siguiendo el arroyo que baja del ibón de Llardaneta y vadeándolo un poco más allá del desvío que lleva a la Canal Fonda y al Posets. Sin problemas, llegamos por fin al refugio en torno a las 5:30 de la tarde.

Este refugio está situado en un lugar privilegiado del valle de Eriste, con espectaculares vistas a derecha e izquierda. Sus instalaciones se renovaron recientemente, dejando un magnífico y edifico para comodidad de los numerosos montañeros que suelen utilizalo como base para ascender al Posets (llamado así en fabla altoaragonesa por los pequeños pozos que existen en sus faldas) o Tuca Llardana (3.369 m.), la segunda cumbre más alta de los Pirineos y nuestro objetivo del próximo día.

Presentadas nuestras credenciales en la recepción del refugio, procedimos al rito de las cervezas mientras esperamos que nos asignen habitación. Al final, resultó ser la que lleva por nombre “Posets”, sin duda por ocupar el piso más elevado del refugio. Cada uno de nosotros escogió la litera que más le apetecía y extendió su saco para tomar posesión de la cama de manera oficial. La habitación tenía unas diez literas y algunas camas individuales, además de dos ventanas abuardilladas. El suelo y las paredes están recubiertos de madera hidrófuga, creando un ambiente cálido y acogedor. Los baños, muy limpios, se encontraban dentro de la propia habitación.

Después de una buena ducha y de cambiarnos de ropa, disfrutamos de las preciosas panorámicas que ofrece el amplio balcón del refugio. A las ocho, nos encaminamos al comedor para la cena. Esta consistió en una taza de sopa de fideos, un plato de garbanzos, un plato conteniendo tres filetes de lomo con tomate y de postre, cuajada casera. Kikoto y Lawens pidieron dos vasos de vino. El lomo se le atragantó a Waldo y hubo que esperar a que se le pasara. Coleman, el tragón, estaba al acecho para zamparse los filetes que su hermano no fue capaz de comer por este incidente digestivo.

Acabada la cena, otro ratito en el balcón y luego a la “piltra”, porque esperaba un día duro: subir al Posets, volver al refugio y acabar en Eriste para regresar al coche en taxi a la central eléctrica de Parzán y volver a Zaragoza.

Datos técnicos:

  • Ascenso: 1.455 m
  • Descenso: 940 m
  • Duración (incluyendo paradas): 8:42'

Día 6.8.2008

La noche en el Ángel Orús nos sirvió a todos para dormir a pierna suelta de un tirón y recargar bien las “pilas” de cara a la ascensión al Posets. Como el día se iba a presentar, decidimos levantarnos temprano, a las 6:00 am. Habíamos preparado las mochilas antes de acostarnos, vaciándolas de todo lo que no fuera imprescindible para la subida. Llevamos tan solo las cantimploras y tazas, alguna vitualla ligera para comer, pastillas de hidratación, las chaquetas o forros polares, los piolets y los bastones. Dejamos lo que nos sobraba en las taquillas del refugio para recogerlo todo después, cuando volviéramos a pasar por allí antes de bajar a Eriste. De este modo, podríamos abordar la ascensión con muy poco peso y mayor comodidad. A las 6:30 am desayunamos en el bar del refugio, y sobre las 7:15 comenzamos a caminar tomando la dirección contraria del mismo sendero que nos condujo al refugio el día anterior. El tiempo, sin tener cuenta la lluvia caída durante las primeras horas de la última noche, prometía ser excelente. La temperatura todavía era fresca y el sol aún permanecía oculto tras las montañas. Con esto y con la buena marcha que llevábamos, nos plantamos delante de la Canal Fonda al cabo de algo más de una hora. Allí paramos para beber de las aguas que bajaban del deshielo de los neveros de la propia canal.

En ese momento, la Canal Fonda mostraba dos palas de nieve de cierta consideración, la primera, menos vertical, casi al comienzo, y la segunda, más empinada, en el tramo final. Entre ambas palas el sendero, con firme de tierra y grava suelta, transcurría a través de un rellano a cuya derecha se prolongaba en un perfecto circo glaciar. Con la ayuda de nuestros piolets y afianzando con sumo cuidado cada paso sobre la nieve, no tuvimos mayores problemas para superar las palas.

Al final de la Canal Fonda, a mano izquierda, aparece el Diente de Llardana, curioso picacho de formas peculiares, parecidas a un diente de tiburón. Frente a nosotros, ya casi podíamos ver cómo se asomaba la cumbre del Posets. En la parte derecha de la salida de la Canal Fonda continuaba serpenteante la senda, bien marcada con mojones, para ganar la “Espalda del Posets”. Su fuerte pendiente y el piso de gravilla y piedras dificultaban la subida y provocaban frecuentes resbalones. Concluyendo este tramo, nos topamos con la cresta de la cumbre, que a pesar se ser bastante aérea, no representa un obstáculo especial si se va con el cuidado necesario, sabiendo donde poner cada pie y cada mano. Por fin, llegamos al castigado vértice geodésico de la cima, con sus 3.369 metros que los mapas dicen tiene este monte.

Todos disfrutamos de la inmensa panorámica que desde cualquier lado podía apreciarse, nos felicitamos por el objetivo cumplido y sacamos las fotos que merecía la ocasión. Como se trata de una ascensión muy popular, a lo largo del camino encontramos bastante gente, de manera que en la cumbre nos íbamos agolpando cada vez más montañeros. Ante esta situación, decidimos emprender la bajada al poco rato, no sin antes ofrecernos Coleman una nota de “locura” montañera aventurándose, sin decir esta boca es mía, a continuar la cresta de la cumbre hasta otro pico paralelo menos relevante. A las 10:45 alcanzamos la cima del Posets.

De retorno al refugio, nueva parada para repostar y descansar en el arranque de la Canal Fonda. Una vez allí, descansamos y charlamos en el balcón del Ángel Orús tomando unas cervezas y los últimas vituallas que nos quedaban para comer. Inmediatamente, surgió una cuestión: ¿quién nos llevaría desde Eriste a Parzán? Era evidente que teníamos que conseguir el teléfono de algún taxista de la zona y ponernos de acuerdo con él sobre la recogida y el precio por el trayecto. Finalmente, conseguimos contactar con un taxista de Benasque que habría de recogernos en el aparcamiento de la espléndida cascada que hay casi al principio del valle de Eriste sobre las 5:30 pm. Así que, resuelto este problema, nos pusimos pronto en movimiento, recogiendo todo el material que habíamos dejado en las taquillas para la ascensión y organizándolo en las mochilas rápidamente; ¡en hora y media teníamos que estar abajo!

La estancia en el Ángel Orús nos costó en total 152,50 € entre los cuatro, incluyendo la pernocta, la cena, el desayuno y las bebidas consumidas. ¡Ah!, y la señal adelantada por nuestro ínclito guía Coleman.

Tomamos la senda que baja del refugio al valle y se interna por el precioso bosque que lo recubre. Más pensando en llegar a tiempo que en apreciar las bellezas naturales de los lugares por donde pasamos, nos dirigimos a marchas forzadas a nuestra cita con el profesional del volante que gentilmente nos habría de cobrar 195 € por el servicio. Cuando llegó, con un cuatro por cuatro Santana de los de antaño un tanto cochambroso y sin aire acondicionado, no nos concedió siquiera unos minutos para remojarnos un poco en la Aigueta de Grist y quitarnos el sudor. Decía que él era muy puntual y que no había sacrificado su siesta para que hiciéramos el pato. Al bajar a Eriste y coger la carretera comprobamos que hacía un calor abrasador por todo el valle de Benasque y que no nos abandonaría ya en el resto del día, hasta nuestra llegada a Zaragoza.

El último capítulo de esta travesía llegó cuando ya en el coche cargamos todos los trastos y mochilas y nos pusimos el bañador para chapotear en una pequeña poza del arroyo que pasaba junto al aparcamiento. Algunas fotos de Waldo, un tanto peculiares, rememoran este momento.

Como colofón y fin de fiesta, al caer la tarde rumbo a Zaragoza, nos dimos un pequeño homenaje gastronómico en Ainsa a sugerencia de Kikoto y Waldo, que tuvo un contagioso “antojo” de huevos con longaniza. Ni que decir tiene que nadie opuso objeción alguna a la propuesta, de modo que acabamos como en los comics de Asterix, con un buen banquete y unas grandes jarras heladas de “cervezaza”.

Datos técnicos:
  • Ascenso: 1.250 m
  • Descenso: 1.840
  • Duración total: 9:21'

Queridos amigos, hasta la próxima aventura.

Agradecimientos especiales a Coleman por preparar la travesía y traernos hasta aquí en su coche, a Kikoto por hacer de chofer hasta Zaragoza, a Waldo por acogernos después a Kikoto y a Lawens en su casa de Zaragoza y enseñarnos la Expo por el “morro”, y a Lawens por protestar sólo lo justo (por ejemplo, con frases como: “... no tengo ninguna necesidad de tener que pasar por esto...”).

viernes, 21 de septiembre de 2007

Pateo por la sierra de madrid otoño 2007

Tenemos pensado hacer una escapada por la sierra de madrid un fin de semana de estos. Se admiten sugerencias.