“... no tengo ninguna necesidad de tener que pasar por esto...”
Momentos lawens
Recorrido:
Primer día. Llegada y acampada en el Cámping Pineta. Cenuki en El Canguro Truchero... cojonudo.
Segundo día. Parzán-Barranco de Urdiceto-collado de Urdiceto-Hôpital de Rioumajou
Tercer día. Hôpital de Rioumajou-Puerto de la Madera-Biadós con ascensión al pico Culfreda (3.035) o Batouas.
Cuarto día. Biadós (camping Forcallo)-Collado de Eriste-Forcau (refugio Ángel Orús) con ascensión a la Forqueta (3.015).
Quinto día. Etapa estrella con ascensión al Posets. Refúgio Ángel Orús-Posets-Cascada de la Aigueta de Eriste.
Día 2.8.2008
A mediodía, Juanan (“Coleman”), Quique (“Kikoto”) y José Luis (“Lawens”) llegamos a Zaragoza para recoger a Eduardo (“Waldo”) y seguir viaje al Pirineo. Después de algunas compras de última hora en grandes superficies para completar la equipación (piolet, sombrero, pastillas isotónicas, botella de litro y medio, libreta de notas, cortauñas, esponja para limpiar las tiendas, tarjeta de memoria para cámara de fotos), emprendimos camino a Bielsa a eso de las cuatro de la tarde. La tarde era muy calurosa, así que en Grado decidimos hacer un alto para refrigerarnos. Al pasar por la presa, de nuevo recordamos el dato que a “Coleman” tanto le gusta apuntar: “ahí está, la presa de Grado, la mayor presa de gravedad de Europa”. No sabemos hasta qué punto es cierta esta información, pero la damos por válida.
Llegada a Bielsa desde Zaragoza sobre las 7:30 pm. Tras visitas la oficina de turismo local y recoger algunos folletos informativos nos dirigimos al “Camping Pineta” (buenas instalaciones y trato amable) en el que íbamos a pernoctar esa noche. A las 8:15 empezamos a montar las tiendas (dos tiendas de dos plazas) y preparar los sacos. A nuestro pesar, enseguida nos dimos cuenta que aquello estaba lleno de mosquitos.
Acabados los preparativos para instalarnos llego la hora de reponer fuerzas. Quique propuso ir a cenar a un chiringuito con buena pinta que encontramos antes de llegar al camping, a un par de kilómetros en dirección a Bielsa. Así que a las diez menos cuarto estábamos ya en el “Kanguro truchero”, lugar recomendable y muy apropiado para tomar unas buenas jarras de cerveza con comida típica del lugar. Nos sentamos afuera, bajo los árboles de la terraza y al borde del río de montaña que pasaba por allí. El menú consistió en ensalada para todos, una ración de longaniza frita, dos truchas con guarnición, dos platos de estofado de cordero, dos flanes con nata, dos helados “magnum” blancos, tres cafés de puchero, una infusión y cuatro orujos; todo ello al módico precio de 72,40 €. Era la noche anterior a la primera etapa y hablamos de lo que nos íbamos a encontrar a lo largo de la ruta y de otras “lindezas” entre risas y todo tipo de comentarios soeces con ayuda de los destilados alcohólicos suministrados amablemente por la camarera de la casa, quién, además, aceptó hacer nuestra primera foto de grupo.
Día 3.8.2008
El primer día de marcha nos despertamos sobre las 7:00 am. Como siempre, Lawens y Waldo son los primeros en ver la luz del día, viéndose obligados a despertar al resto del equipo, dos “marmotas” en estado catatónico. Tras desmontar las tiendas, secarlas, recoger el material y asearnos un poco, nos dirigimos al bar del camping para desayunar tres cafés con leche, una taza de Cola-Cao y cuatro tostadas de auténtico pan de pueblo con mantequilla y mermelada (a 4,00 € por persona). Al acabar, “lavapiños” y “giñadas”.
Como nos habíamos enrollado bastante, la salida hacia Parzán con nuestro coche sufrió un ligero retraso sobre el horario previsto, de manera que llegamos al punto de partida en torno a las 10:00 am. Allá, en la entrada del Barranco de Urdiceto a 1.200 de altura, en un rellano a la derecha de la carretera antes de llegar a una estación eléctrica situada pasados un par de kilómetros del pueblo de Parzán (Central de Barrosa), aparcamos el coche e iniciamos el recorrido en dirección a Rioumajou, meta de esta primera etapa.
A través de una ancha pista forestal muy bien marcada que transcurre entre un espeso bosque de pinos, avellanos, serbales y otros árboles frondosos en paralelo al barranco de Ordizeto, empezamos a caminar hacia el Este en dirección al puerto del mismo nombre que comunica con el vecino valle de Rioumajou, ya en el lado francés. La pista forma parte del sendero de gran recorrido GR 11. Aproximadamente dos horas más tarde llegamos a la altura de la central eléctrica de Urdiceto, donde a través de una canalización aprovecha la energía potencial del agua represada en el Ibón del mismo nombre. 45 minutos más tarde y ascendiendo de forma muy progresiva y cómoda llegamos a un desvío señalizado como “Ruta pirenáica” que sube hacia la izquierda de manera casi imperceptible, separándose así del tramo del GR 11 que conduce al Ibón d'Ordizeto. Antes de tomar dicho desvío hubo un momento de duda. Waldo y Kikoto siguieron el camino la pista del GR 11 creyendo que era la ruta correcta. Por su parte, Coleman y Lawens decidieron seguir por el desvío que resultó ser el acertado (como siempre que deciden algo estos dos). Como todavía éstos podían verlos a lo lejos, lograron avisarles de su error desgañitándose a gritos. Ver a gente transitar por la senda de la izquierda confirmó que estábamos en el buen camino. Sobre las 14:15 pm alcanzamos el Puerto d'Ordizeto (2.410 m). Allí descansamos un rato (20'), nos hicimos unas cuantas fotos y charlamos con un senderista francés que había llegado antes que nosotros. El camino en lo alto del puerto estaba marcado como una de las rutas del Camino de Santiago. De hecho, nuestro lugar de destino de la etapa era un antiguo hospital para peregrinos cuyos orígenes databan de la Edad Media, aunque hoy día es una posada para turístas de construcción moderna. La bajada del puerto transcurrió entre prados de alta montaña donde pastaban algunos rebaños de vacas de la raza parda alpina. A mitad de camino decidimos parar para comer y, puesto que tuvimos un día muy bueno, tendernos un poco al sol. En la distancia, al fondo del valle, ya podíamos divisar el “Hôpital de Rioumajou”. Sin embargo, todavía quedaba un buen trecho a través de un estrecho y pedregoso sendero de bajada que poco a poco se iba internando en los bosques del valle. Al final, sobre las 17:05 pm llegamos a la extensa pradera donde se asentaba el antiguo Hospital de Rioumajou (1.560 m), actualmente bar y zona de acampada libre. Se trata de un lugar muy agradable que se encuentra atravesado por el río de montaña que da nombre a este valle.
Como no podía ser de otro modo, a nuestra llegada nos sentamos en la terraza de la posada para beber unas bien merecidas cervezas. Pensar en una buena jarra de cerveza suponía en cada etapa un gran estímulo que nos hacía recuperar el ánimo en los momento más duros. Descubrimos que tenían un jarabe de limón que le daba a la cerveza un estupendo y refrescante sabor, al estilo de la cerveza con limón de “Los Espumosos” de Zaragoza. Suponemos que debimos beber cerca de un litro cada uno, además de la ronda extra, que antes de cerrar el establecimiento con puntualidad británica a las 18:00 pm, corrió a cuenta de la pareja que regentaban el bar, con quienes tuvimos una simpática y amena conversación, por supuesto en francés. Fueron ellos quienes nos dijeron que en un lateral de la casa tenían habilitado una especie de refugio cerrado para guarecer a los campistas en caso de tormenta. Como hacía buen tiempo, decidimos ahorrarnos la molestia de montar las tiendas e instalarnos ahí por esa noche. El refugio consistía en una pequeña habitación con una puerta de madera como única ventilación y único acceso, a la que se llegaba subiendo unas escaleras exteriores cubiertas. Delante de la puerta había una especie de galería abierta que utilizamos como cocina y lugar donde dejar las mochilas. El interior estaba completamente limpio y liso, aunque el suelo era de duro cemento. En general, dormimos bien, pero no de un tirón sino como se suele dormir en el monte: a cabezadas, despertándose uno varias veces cada noche para volver a retomar el sueño al cabo de un rato.
Datos técnicos:
- Ascenso: 1.230 m
- Descenso: 845 m
- Tiempo total (con paradas): 8:30'
Día 4.8.2008
La etapa de este día habría de llevarnos al camping “El Forcallo”, muy próximo al refugio de Biadós. Para ello tuvimos que levantarno. muy temprano, a las 7:00 am. Aprovechamos el tiempo ganado por no haber montado las tiendas para recoger pronto y ponernos en ruta cuanto antes porque el día se preveía muy caluroso.
Nuestro primer objetivo era alcanzar el Puerto de la Madera, a unos 2.550 m. de altitud, collado que permite el paso a España, al Valle de Chistau, desde el de Rioumajou. A través de una estrecha senda bien marcada con señales de pintura amarilla, ascendimos progresivamente mientras íbamos dejando poco a poco a nuestra izquierda el barranco de Cauarere. A media ladera, cuando se llega a la altura del arroyo (a una hora de camino aproximadamente a 1970 metros) se encuentra una bifurcación: por un lado, un camino, marcado con círculos blancos cruzando el riachuelo, continuaba en línea recta ascendiendo en paralelo al arroyo en fuerte pendiente hasta el Collado de Caballera; por el otro, una senda señalizada con círculos amarillos subía por la derecha haciendo algunas “zetas”. Una mirada al mapa despejó la duda. El camino correcto era el “amarillo”. De haber continuado por el otro, la subida hubiera sido tremendamente empinada, si bien, hubiéramos llegado a nuestro objetivo. Tras una parada “técnica” para descansar un rato, beber agua del barranco y reponer fuerzas con algo de comer y un “pastillazo” isotónico, seguimos el ascenso hacia el Puerto de la Madera, ya por zona de prados de alta montaña. Antes del último tramo, nueva parada para reponer agua en un manantial (una botella de vino francés vacía permitía rellenar con comodidad las tazas y las cantimploras, ya que el agua surgía casi a ras de suelo; seguramente la dejaría el pastor que cuidaba de sus ovejas en un prado cercano).
A las 11:50 llegamos al Puerto de la Madera (2550 m). Una vez aquí, el plan consistía en descansar y dejar las mochilas para atacar, a nuestra izquierda, la cresta que lleva a la Punta Caballera y, un poco más allá, al Pico Culfreda o Batoua (3.034 m. de altura). El sol pegaba fuerte, pero la brisa de las cumbres aliviaba un poco el calor, haciendo más soportable el continuo sube y baja del recorrido. Aunque éste no ofrecía gran dificultad técnica, a veces había que utilizar las manos para superar algunos resaltes. Después de hacer cima en el Culfreda (14:00) y de las fotos de rigor, comenzamos el descenso (14:30) cresteando hasta el Puerto de la Madera, donde habíamos dejado los macutos. El cansancio acumulado y el calor nos hizo un poco duro el regreso. Sobre las 15:45 llegamos al collado muy fatigados, pero con la sensación de haber conseguido lo que nos propusimos.
A las 4:30 pm iniciamos la bajada hacia el camping “El Forcallo”, atravesando prados de alta montaña con un relieve suave que no presentaba excesivas complicaciones. A media ladera nos internamos en una zona boscosa en la que hicimos un alto para beber de un arroyo que bajaba a la derecha de la senda y cuyas aguas tenían un fuerte sabor a hierro. El cansancio era ya bastante evidente y continuamos bajando casi al límite de nuestras fuerzas hasta alcanzar la pradera de Tabernés, muy cerca del final de la etapa. Allí, el último tramo arrancaba desde una palanca que cruza el río Zinqueta. El terreno, un poco abrupto por la presencia de guijarros de gran tamaño y a ratos encharcado por pequeños arroyos, avanzaba entre los frondosos árboles del bosque, cada vez más encajonado entre el río y el monte. Por fin, pudimos vislumbrar el Campamento Virgen Blanca, muy próximo al camping, cuyas inmediaciones alcanzamos a eso de las 6:30 pm. Más que nunca habíamos merecido disfrutar la recompensa de las cervezas, trofeo diario a un esfuerzo que hoy había fundido todas nuestras energías.
Así pues, mientras Coleman se ocupaba de los trámites necesarios para registrarnos en el camping, comenzamos a dar cuenta de unas “birritas” mientras recuperábamos fuerzas para instalar las tiendas. Un señor que debía trabajar en el camping portaba una garrafa de agua que parecía traer de algún manantial cercano. No dio a probar un vaso y la verdad es que era exquisita. Al preguntarle donde estaba la fuente, el muy taimado se negó a indicarnos el sitio con evasivas. Respetamos su actitud y no quisimos insistir más.
La casualidad quiso que Lawens se encontrara allí a un tal Chema, veterano montañero de un club de Zaragoza con el coincidió este pasado invierno en una salida de fin de semana a Zuriza, en el valle de Ansó. Ambos recordaron la anécdota ocurrida una noche en el refugio de Zuriza, donde Chema la lió cuando, con unas cuantas copas de más en el cuerpo, entró a última hora en dormitorio, repleto de literas con gente intentando conciliar el sueño, metiéndose por error en la cama ocupada por una chica de su club. Su comentario: “... estos bultos de quién son...” desató la risa de los que estaban alrededor, provocando las protestas de quienes intentaban dormir. Cuando Chema atravesó el pasillo para ir al baño cruzó unas “amables” palabras con un montañero vasco (oye... vale ya, aquí se viene a dormir... - calla vasco... - ¡payaso!... - ¡payaso tú!...) que hizo subir la tensión en un ambiente ya bastante “caldeado” por el cachondeo de unos y el cabreo de otros.
Después de las cervezas fuimos a montar las tiendas con “alegría”. Escogimos un buen sitio bajo un par de árboles. El momento fue muy divertido, riéndonos de cualquier tontería que hacíamos y de nosotros mismos. Enfrente teníamos la tienda de una familia holandesa que alucinaban en colores con el espectáculo que les dábamos. Luego nos pegamos una buena ducha y lavamos algo de ropa.
A las 9:00 pm entramos en el bar para cenar, que buena falta nos hacía. Como lobos hambrientos nos dispusimos en torno a una mesa de cuatro plazas a la espera del menú, consistente en: caldo “cobarde” (de gallina), guisantes salteados, estofado de cordero, yogur natural y un chupito de pacharán casero muy rico. Todo por 62,40 €. Al acabar la cena, Lawens se “empiltró” y los demás decidieron estirar las piernas con un pequeño paseo hasta el río antes de meterse en los sacos. El precio de la estancia en El Forcallo, por dos tiendas y cuatro personas, fue de 23,40 €.
Datos técnicos:
- Ascenso: 1670 m
- Descenso: 1625 m
- Tiempo total (con paradas): 10 h 10'
Día 5.8.2008
Una vez más, Waldo y Lawens tuvieron que despertar a Coleman y Kikoto. Aunque el despertador sonó a las 7:00, perdimos bastante tiempo antes de salir porque decidimos prepararnos el desayuno con lo que traíamos. Disponíamos de dos fogones portátiles, sobres de café, tubos de leche condensada, galletas, barras de cereales, etc. Kikoto preparó además un cazo con muesli y chocolate de esos que vienen en un sobre envasado al vacío para llevarlos a la montaña con comodidad.
Entre unas cosas y otras, salimos a las 9:00 am del camping en dirección al refugio Ángel Orús o “El Forcau”, pasando por el durísimo Collado de Eriste, primera cota importante de esta etapa, a casi 2.800 m. de altura. Empezamos el camino por la senda que hay al pasar el puente de madera que salva el Zinqueta frente a la entrada del camping; siguiendo justo a la izquierda continúa una senda ancha y cómoda marcada por una “X” (señal equivocada del GR), puesto que es la que lleva a San Juan de Plan, que está en la dirección opuesta. Un poco más allá, el camino se bifurca. Tomamos la ruta de la izquierda, que transcurre por zona boscosa por encima de las granjas de Biadós y del refugio del mismo nombre. A unos doscientos metros nos topamos con el cruce del sendero GR 11.2, que sube hacia el collado y el Ibón de Millars en paralelo al barranco de la Ribereta. A partir de ahí, no íbamos a abandonar el camino hasta llegar al refugio Ángel Orús. Comenzamos a ascender progresivamente dejando a la derecha el río del barranco y, tras una breve parada para beber en una curiosa fuente de aguas ferruginosas, continuamos la subida hasta el paraje llamado Las Tuertas, al pie de un nevero horadado por un torrente que bajaba del Tucón Royo. Aquí se acababa el bosque. Como a partir de aquí el sendero se hacía ya muy empinado, viendo la belleza del lugar y la dureza del tramo que nos esperaba, decidimos hacer un alto para comer algo, tomar pastillas isotónicas y llenar cantimploras con agua de mejor sabor. Después de unos minutos de descanso volvimos a emprender la marcha por las zetas del GR 11.2 hasta alcanzar la señal que indica el desvío de la senda del Ibón de Millars y la subida al Collado de Eriste. Ésta transcurre por una fuerte pendiente de tierra suelta y hierba y desemboca en el comienzo de la tartera que preside dicho paso. Se trata de una amplia pedrera de grandes bloques donde hay que estar muy atento a los mojones, puesto que el sendero aparece y desaparece entre las rocas. El final de la tartera es un empinado camino de tierra suelta salpicado de neveros que es preciso a travesar con cuidado. Ahí las fuerzas empezaron a flaquear, obligándonos a ascender con pasos más cortos y lentos. Waldo y Lawens llegaron los primeros al collado sobre las 13:45 pm. Unos minutos más tarde llegaron Kikoto y Coleman.
En el Collado de Eriste hicimos una parada para dejar mochilas y palos e iniciar la subida a la Tuca Forqueta, pico de 3.010 metros. Lawens, algo cansado, se quedó en el collado mientras los demás alcanzaron con éxito la cumbre después de una hora de ascensión y bajada. Tras un nuevo descanso para comer y beber algo y después de unas fotos, comenzamos a bajar desde las alturas. Pero antes de salir tuvimos una bonita experiencia: dos quebrantahuesos pasaron muy cerca, por encima de nuestras cabezas, emitiendo un extraño zumbido mientras batían lentamente sus alas de forma majestuosa.
La bajada, primero entre pedreras y manchas de nieve y luego por prados de alpe, transcurrió tranquila. Paso a paso llegamos al Ibón de Llardaneta, donde nos mojamos las piernas en sus heladas aguas. Pasado el ibón, un poco más allá, nos encontramos en la Pleta de Llardana, muy cerca del último tramo que nos dejaría en el Ángel Orús (2.095 m). El recorrido, jalonado por mojones muy visibles, continua un sendero de tierra y gravilla entre peñascos siguiendo el arroyo que baja del ibón de Llardaneta y vadeándolo un poco más allá del desvío que lleva a la Canal Fonda y al Posets. Sin problemas, llegamos por fin al refugio en torno a las 5:30 de la tarde.
Este refugio está situado en un lugar privilegiado del valle de Eriste, con espectaculares vistas a derecha e izquierda. Sus instalaciones se renovaron recientemente, dejando un magnífico y edifico para comodidad de los numerosos montañeros que suelen utilizalo como base para ascender al Posets (llamado así en fabla altoaragonesa por los pequeños pozos que existen en sus faldas) o Tuca Llardana (3.369 m.), la segunda cumbre más alta de los Pirineos y nuestro objetivo del próximo día.
Presentadas nuestras credenciales en la recepción del refugio, procedimos al rito de las cervezas mientras esperamos que nos asignen habitación. Al final, resultó ser la que lleva por nombre “Posets”, sin duda por ocupar el piso más elevado del refugio. Cada uno de nosotros escogió la litera que más le apetecía y extendió su saco para tomar posesión de la cama de manera oficial. La habitación tenía unas diez literas y algunas camas individuales, además de dos ventanas abuardilladas. El suelo y las paredes están recubiertos de madera hidrófuga, creando un ambiente cálido y acogedor. Los baños, muy limpios, se encontraban dentro de la propia habitación.
Después de una buena ducha y de cambiarnos de ropa, disfrutamos de las preciosas panorámicas que ofrece el amplio balcón del refugio. A las ocho, nos encaminamos al comedor para la cena. Esta consistió en una taza de sopa de fideos, un plato de garbanzos, un plato conteniendo tres filetes de lomo con tomate y de postre, cuajada casera. Kikoto y Lawens pidieron dos vasos de vino. El lomo se le atragantó a Waldo y hubo que esperar a que se le pasara. Coleman, el tragón, estaba al acecho para zamparse los filetes que su hermano no fue capaz de comer por este incidente digestivo.
Acabada la cena, otro ratito en el balcón y luego a la “piltra”, porque esperaba un día duro: subir al Posets, volver al refugio y acabar en Eriste para regresar al coche en taxi a la central eléctrica de Parzán y volver a Zaragoza.
Datos técnicos:
- Ascenso: 1.455 m
- Descenso: 940 m
- Duración (incluyendo paradas): 8:42'
Día 6.8.2008
La noche en el Ángel Orús nos sirvió a todos para dormir a pierna suelta de un tirón y recargar bien las “pilas” de cara a la ascensión al Posets. Como el día se iba a presentar, decidimos levantarnos temprano, a las 6:00 am. Habíamos preparado las mochilas antes de acostarnos, vaciándolas de todo lo que no fuera imprescindible para la subida. Llevamos tan solo las cantimploras y tazas, alguna vitualla ligera para comer, pastillas de hidratación, las chaquetas o forros polares, los piolets y los bastones. Dejamos lo que nos sobraba en las taquillas del refugio para recogerlo todo después, cuando volviéramos a pasar por allí antes de bajar a Eriste. De este modo, podríamos abordar la ascensión con muy poco peso y mayor comodidad. A las 6:30 am desayunamos en el bar del refugio, y sobre las 7:15 comenzamos a caminar tomando la dirección contraria del mismo sendero que nos condujo al refugio el día anterior. El tiempo, sin tener cuenta la lluvia caída durante las primeras horas de la última noche, prometía ser excelente. La temperatura todavía era fresca y el sol aún permanecía oculto tras las montañas. Con esto y con la buena marcha que llevábamos, nos plantamos delante de la Canal Fonda al cabo de algo más de una hora. Allí paramos para beber de las aguas que bajaban del deshielo de los neveros de la propia canal.
En ese momento, la Canal Fonda mostraba dos palas de nieve de cierta consideración, la primera, menos vertical, casi al comienzo, y la segunda, más empinada, en el tramo final. Entre ambas palas el sendero, con firme de tierra y grava suelta, transcurría a través de un rellano a cuya derecha se prolongaba en un perfecto circo glaciar. Con la ayuda de nuestros piolets y afianzando con sumo cuidado cada paso sobre la nieve, no tuvimos mayores problemas para superar las palas.
Al final de la Canal Fonda, a mano izquierda, aparece el Diente de Llardana, curioso picacho de formas peculiares, parecidas a un diente de tiburón. Frente a nosotros, ya casi podíamos ver cómo se asomaba la cumbre del Posets. En la parte derecha de la salida de la Canal Fonda continuaba serpenteante la senda, bien marcada con mojones, para ganar la “Espalda del Posets”. Su fuerte pendiente y el piso de gravilla y piedras dificultaban la subida y provocaban frecuentes resbalones. Concluyendo este tramo, nos topamos con la cresta de la cumbre, que a pesar se ser bastante aérea, no representa un obstáculo especial si se va con el cuidado necesario, sabiendo donde poner cada pie y cada mano. Por fin, llegamos al castigado vértice geodésico de la cima, con sus 3.369 metros que los mapas dicen tiene este monte.
Todos disfrutamos de la inmensa panorámica que desde cualquier lado podía apreciarse, nos felicitamos por el objetivo cumplido y sacamos las fotos que merecía la ocasión. Como se trata de una ascensión muy popular, a lo largo del camino encontramos bastante gente, de manera que en la cumbre nos íbamos agolpando cada vez más montañeros. Ante esta situación, decidimos emprender la bajada al poco rato, no sin antes ofrecernos Coleman una nota de “locura” montañera aventurándose, sin decir esta boca es mía, a continuar la cresta de la cumbre hasta otro pico paralelo menos relevante. A las 10:45 alcanzamos la cima del Posets.
De retorno al refugio, nueva parada para repostar y descansar en el arranque de la Canal Fonda. Una vez allí, descansamos y charlamos en el balcón del Ángel Orús tomando unas cervezas y los últimas vituallas que nos quedaban para comer. Inmediatamente, surgió una cuestión: ¿quién nos llevaría desde Eriste a Parzán? Era evidente que teníamos que conseguir el teléfono de algún taxista de la zona y ponernos de acuerdo con él sobre la recogida y el precio por el trayecto. Finalmente, conseguimos contactar con un taxista de Benasque que habría de recogernos en el aparcamiento de la espléndida cascada que hay casi al principio del valle de Eriste sobre las 5:30 pm. Así que, resuelto este problema, nos pusimos pronto en movimiento, recogiendo todo el material que habíamos dejado en las taquillas para la ascensión y organizándolo en las mochilas rápidamente; ¡en hora y media teníamos que estar abajo!
La estancia en el Ángel Orús nos costó en total 152,50 € entre los cuatro, incluyendo la pernocta, la cena, el desayuno y las bebidas consumidas. ¡Ah!, y la señal adelantada por nuestro ínclito guía Coleman.
Tomamos la senda que baja del refugio al valle y se interna por el precioso bosque que lo recubre. Más pensando en llegar a tiempo que en apreciar las bellezas naturales de los lugares por donde pasamos, nos dirigimos a marchas forzadas a nuestra cita con el profesional del volante que gentilmente nos habría de cobrar 195 € por el servicio. Cuando llegó, con un cuatro por cuatro Santana de los de antaño un tanto cochambroso y sin aire acondicionado, no nos concedió siquiera unos minutos para remojarnos un poco en la Aigueta de Grist y quitarnos el sudor. Decía que él era muy puntual y que no había sacrificado su siesta para que hiciéramos el pato. Al bajar a Eriste y coger la carretera comprobamos que hacía un calor abrasador por todo el valle de Benasque y que no nos abandonaría ya en el resto del día, hasta nuestra llegada a Zaragoza.
El último capítulo de esta travesía llegó cuando ya en el coche cargamos todos los trastos y mochilas y nos pusimos el bañador para chapotear en una pequeña poza del arroyo que pasaba junto al aparcamiento. Algunas fotos de Waldo, un tanto peculiares, rememoran este momento.
Como colofón y fin de fiesta, al caer la tarde rumbo a Zaragoza, nos dimos un pequeño homenaje gastronómico en Ainsa a sugerencia de Kikoto y Waldo, que tuvo un contagioso “antojo” de huevos con longaniza. Ni que decir tiene que nadie opuso objeción alguna a la propuesta, de modo que acabamos como en los comics de Asterix, con un buen banquete y unas grandes jarras heladas de “cervezaza”.
- Ascenso: 1.250 m
- Descenso: 1.840
- Duración total: 9:21'
Queridos amigos, hasta la próxima aventura.
Agradecimientos especiales a Coleman por preparar la travesía y traernos hasta aquí en su coche, a Kikoto por hacer de chofer hasta Zaragoza, a Waldo por acogernos después a Kikoto y a Lawens en su casa de Zaragoza y enseñarnos la Expo por el “morro”, y a Lawens por protestar sólo lo justo (por ejemplo, con frases como: “... no tengo ninguna necesidad de tener que pasar por esto...”).