jueves, 23 de agosto de 2007

Travesía 2005

Pirineos agosto 2005

Recorrido:

Travesía Escuaín-Pineta (Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido-Parc National des Pyrénnées)
Descripción:

• Primer día: Valle de Escuaín, Cuello Viceto, Tozal de San Vicenda, Cañón de Añisclo, Fuen Blanca y Refugio de Góriz.
• Segundo día: Ascensión al Monte Perdido (suspendida por mal tiempo).
• Tercer día: Refugio de Góriz, Cuello de Millaris, Cueva de Casteret, Cuello de los Sarrios, Brecha de Rolando, Refugio de Sarradets, Col des Sarradets, Val de Gavarnie, Refugio de Espugettes.
• Cuarto día: Refugio de Espugettes, Hourquette d'Alans, Circo de Estaube, Brecha de Tucarroya, Lago Helado de Marboré, Balcón de Pineta, Parador Nacional de Pineta (final de travesía).

Llegamos al camping de Puyarruego cuando ya estaba cayendo la tarde. Después de una primera inspección ocular del sitio, nos decidimos a buscar un buen lugar donde plantar nuestras tiendas. Al final del camping, vimos una amplia explanada donde instalarnos sin agobios, a pesar de estar rodeados de un numeroso grupo de excursionistas gabachos. Después, tras admirar la bonita perspectiva que ofrecía la Peña Montañesa, decidimos tomar nuestras cámaras y hacer algunas fotos a tan singular montaña.

Para entonces ya era hora de cenar. Había que pensar en algún lugar donde comer algo y aunque el propio camping disponía de algo parecido a un restaurante, decidimos subir al pueblo en busca de un local más apropiado y de paso dar un paseo. La elección resultó acertada, porque aparte de descubrir rincones pintorescos, conseguimos localizar un restaurante bastante agradable, con el típico estilo rústico pirenaico y una preciosa panorámica de la zona. Allí dimos cuenta de una buena cena, acompañada de comentarios sobre las etapas que íbamos a hacer los días siguientes y de abundantes bromas y chascarrillos. Esa peligrosa mezcla de cerveza y vino que parece tan inofensiva, causó mella en alguno, empujándole a vacilar a la trabajosa camarera, que resultó ser una simpática francesita ganándose un dinero para sus estudios.

Después de todo esto, vuelta al camping para dormir, llenos de optimismo y sin ser demasiado conscientes de la dureza que nos depararía la primera etapa al día siguiente.

Primera etapa:

A la mañana temprano, tras levantarnos a duras penas y después de cumplir con las rutinas propias del aseo diario y de tomar un pequeño desayuno en la cantina del camping, nos encaminamos, con el coche, al punto de partida hacia la entrada oriental del Parque Nacional de Ordesa que da acceso al valle de Escuaín, integrado al recinto protegido en la ampliación decretada por la Ley 52/1982, en virtud de la cual cambia la denominación a Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. De este modo, su superficie pasó de 2.100 a 15.608 hectáreas.

Tras dejar el coche en el pueblo de Escuaín (1.215 m) comenzamos a caminar hacia el Oeste, en dirección a Cuello Viceto, el collado que comunica el valle Escuaín con el valle de Añisclo. La subida desde el comienzo del Parque no presentaba ninguna dificultad. Era muy progresiva y transcurría por caminos forestales, prados y bosquetes. Las vistas a nuestro alrededor eran espectaculares y el camino se nos hizo muy ameno. Incluso nos permitimos un breve desvío para ver una impresionante garganta asomándonos al Puente de los Mallos. En el último tramo de la ascensión al collado, en lo que los mapas señalan como barranco Carcil, empinado y ya desprovisto de arbolado, comenzamos a cansarnos un poco. Decidimos realizar la primera parada en el mismo Cuello Viceto (2007 m). Había que reponer fuerzas para afrontar lo que vendría luego. Unos veinte minutos más tarde continuamos bordeando el Tozal de San Vicenda por su cara norte hasta llegar al refugio del mismo nombre, donde intercambiamos unas palabras con un pastor de la zona que había llevado sus ovejas a pastar hasta ese lugar, un páramo de prados donde ya pegaba bien el sol y desde donde podíamos admirar hacia el Norte la preciosa estampa de las llamadas Tres Sorores, formado por los picos Punta de las Olas o pico Añisclo (3002 m.), Soum de Ramon (3254 m.) y Monte Perdido (3355 m.), así como el estrecho y profundo valle que a nuestros pies había socavado a lo largo de los siglos el río Vellos. Precisamente hacia allí había que descender y para ello tomamos un sendero que cruza el llamado Paso de Foradiello y traza una pronunciada bajada que se nos hacía cada vez más sinuosa e inclinada. El descenso fue un respiro y una delicia para la vista, puesto que transcurría por un matorral espeso y fresco, aunque había algún tramo un poco difícil por su estrechez.

Una vez abajo, a 1.520 metros de altitud, ya podíamos tocar el río y, de hecho fue lo que hicimos, ya que sin dudarlo ni un momento nos dispusimos a remojarnos, empezando por las piernas y llegando hasta donde pudimos. En estas situaciones siempre hay alguien que da la nota y uno de nosotros (no diré quién) se puso a imitar a las nutrias con sus audaces zambullidas, pero sin su precioso 'bañador' peludo. La verdad es que el agua estaba bien fría, como corresponde, pero nos vino muy bien para desentumecer las piernas.

Debía ser ya entorno a las 17.00 horas cuando retomamos la marcha en dirección Norte, siguiendo hacia la cabecera del río hasta dar con la Fuen Bllanca. En este punto la cosa se empezó a poner bastante más difícil, ya que había que afrontar una accidentada subida hasta el Collado de Arrablo (2.343 m.), tramo bastante duro donde las fuerzas ya eran escasas y empezaba a hacerse tarde. En su última parte hubo que tirar de manos para subir. Ahí comenzaron las protestas, medio en serio medio en broma, de nuestro ínclito profesor Lawens, mosqueado porque no llegábamos al refugio y por lo prolongado del tiempo de una etapa calculado un tanto a la ligera.

Superada esta dificultad y acalladas las quejas del nuestro impertinente compañero con vagas esperanzas de un cercano avistamiento del refugio de Góriz (2.195 m), nuestro destino por hoy, continuamos la ruta cansinamente. El atardecer se nos echaba encima y temíamos no llegar a punto para encontrar alojamiento. Tras caminar entre suaves lomas en descenso, divisamos a lo lejos el refugio pero al aproximarnos nos dimos cuenta que estaba plagado de gente alrededor, con numerosas tiendas de campaña montadas que presagiaban un inevitable 'overbooking'. De todos modos, no nos importaba demasiado; el doctor Coleman y Lawens llevaban sus propias tiendas a cuestas, eso sí muy 'técnicas' y a propósito para la ocasión.

Eran las 21.00 horas, más o menos, cuando plantamos las tiendas y preparamos los bártulos para acomodarnos. Luego cenamos lo que llevábamos cada cuál e incluso cocinamos unos sobres de pasta oriental con la ayuda del infiernillo que trajo Coleman. Al anochecer nos acostamos pronto, el cielo se estaba poniendo cada vez peor y amenazaba lluvia. Tras unas primeras horas de sueño, nos despertó una tremenda tormenta con aparato eléctrico y fuertes aguaceros con gotas de todos los tamaños. A partir de entonces, casi toda la noche fue así. Apenas se podía pegar ojo, sobre todo teniendo en cuenta que temíamos que las tiendas no pudieran resistir semejante lluvia. De hecho, parecía que dormíamos en camas de agua por los canales que se formaban bajo las tiendas. A eso de las 5.30 o 6.00 AM la tormenta paró, aunque siguió lloviendo, y cuando nos levantamos sobre las 8.00 AM, tuvimos la sorpresa de encontrarnos en medio de una granizada que cubría todo alrededor con miles de bolitas de hielo. En resumen, fue una noche de perros que nos impidió descansar lo necesario para afrontar lo que nos debía deparar la jornada siguiente: la ascensión al Monte Perdido.

Segunda etapa:

El objetivo de la segunda jornada era la subida al Monte Perdido desde el refugio de Góriz con vuelta al propio refugio. Sin embargo, el mal tiempo de la noche previa se extendió al resto del día, de manera que no pudimos emprender la marcha por la persistente lluvia, que en ocasiones parecía una cortina de agua. Por consiguiente... cabreo, rabia, sensación de perder el tiempo, hastío. Así pues, decidimos muy a nuestro pesar abandonar la idea de subir y permanecer en el refugio todo el día, junto a la gran mayoría de los montañeros que allí habían pernoctado la noche anterior más los que iban llegando. A pesar de todo se debe indicar que Quique (Pathfinder) estaba empeñado en subir, por fin tras la insistencia del experimentado Coleman parece ser que comprendió una situación que Coleman era el primero en lamentar. Dada la situación, no quedaba más remedio que aburrirse como ostras a la espera de un nuevo día más propicio. De todas formas el mal tiempo nos permitió pernoctar y cenar aquella noche en el refugio de Góriz debido al gran número de anulaciones que hubo.

Debo reseñar que se llamó al refugio con dos meses de antelación y a pesar de ello ya no había sitio en el refugio. Pensemos en lo que eso puede significar de cara a tener que cambiar una ruta o bien a tener que llevar un peso extra necesario para una sola noche (saco, aislante de suelo, hornillo...) cuando se ha preparado una travesía de 4 ó 5 días. La verdad es que Góriz representa un grave problema, tal vez si hubiera un refugio guardado en el balcón de Pineta se repartiría mucho más la gente que accede a todo el macizo y evitaríamos las aglomeraciones de Góriz, en cualquier caso solo son reflexiones a vuelapluma ya que a lo mejor creamos un problema en el valle de Pineta.

Tercera etapa:



Tras despertarnos sobre las 7.30 y meternos un buen desayuno entre pecho y espalda empezamos la etapa propuesta, es decir, Góriz, Cuello de Millaris, Gruta de Casteret, Brecha de Rolando, Sarradets, Gavarnie para terminar en el refugio de Espugettes, ya en Francia.

La primera parte del recorrido consistía en una subida en progresión hasta el Cuello de Millaris, que domina los llanos del mismo nombre, sobrepasando por encima un poco más allá el Cuello del Descargador (2.457 m). Al llegar a este punto decidimos atacar la Brecha por la ladera que veníamos siguiendo, en lugar de bajar y bordear por la derecha una preciosa llanada con un desolador aspecto lunar por donde transcurría la ruta más habitual. Se trata de una especie fondo de laguna que daba la impresión de haberse colmatado recientemente. El sendero se estrechaba hasta casi desaparecer, mientras el terreno se hacía cada vez más rocoso e inclinado. Había que poner mucha atención donde poníamos los pasos debido a la presencia de grandes bloques de piedra. Ibamos en dirección al Cuello de los Sarrios, donde la dificultad era máxima debido a lo estrecho del paso que se abría entre la pared y el precipicio. Pasamos justo por delante de la Cueva de Casteret, pisando la nieve del nevero que todavía se extendía a su entrada llamado El Casco (3006 m.). Ya se podía divisar la Brecha de Rolando rodeada de niebla, pero para alcanzarla era necesario superar un paso tan estrecho que sólo se podía pasar sujetándose con mucho cuidado a una cadena de unos treinta-cuarenta metros fijada a la pared mediante clavijas y donde no cabía el más mínimo fallo, si no... pfiuuuuuu, 'te ibas p'abajo y a tomalpolculo', como dijo con buen tino Eduardo, a la sazón, hermano del amigo Coleman. Pasados estos intensos momentos 'técnicos' al más puro estilo Coleman, por fin llegamos a la Brecha de Rolando (2.805 m), portillón que separa España de Francia. Aquí hicimos una parada para descansar, disfrutar de las vistas (no muchas, por la presencia de niebla) y tomar un tentempié. De paso, cruzamos unas palabras con la gente que encontramos, incluyendo maduritas ultramontanas de buen ver.

De nuevo en pié, seguimos por la ladera francesa en dirección al refugio de Sarradets, que lo teníamos alcance de la mirada. Tras una breve pausa para verlo y reponer líquidos, continuamos el sendero descendiendo por el Col de Sarradets rumbo a la planicie de Saint Bertrand hasta el Valle de Pouey Aspé, dejando al comienzo a la izquierda el Glaciar del Taillon y a la derecha el pico de Sarradets. Esta bajada no tenía apenas dificultad, aparte de una zona con cadenas que transcurre con el agua que baja de Sarradets aunque se hacía larga y pesada. Además, conforme descendíamos el sol era más intenso y el calor empezaba agobiar a las horas centrales del día. Una vez abajo, seguimos el camino hacia el Este que conduce a Gavarnie entre prados llenos de rebaños de ovejas. Por fin, empezaba a aparecer ante nuestros ojos a la derecha el Circo de Gavarnie con su impresionante Grand Cascade al fondo, el salto de agua más alto de Europa con más de 500 metros de caída. Realmente es magnífico contemplar un espectáculo de la Naturaleza como este; nunca te cansas de disfrutarlo. Por supuesto, hubo parada con sesión fotográfica por parte de todos.

Después de esto, había que descender hasta el valle de Gavarnie (1.420 m) y subir por la otra vertiente (Este) cerca de la entrada al Circo de Gavarnie, donde se respiraba un ambiente muy turístico, con gente que llegaba en autobuses o en coche para contemplar la cascada, chiringuitos de comida y bebida, 'souvenirs', alojamientos rurales, etc... todo al estilo francés, pulcro y 'chic'. Todo aquello era un contraste muy fuerte para nosotros, que veníamos hechos unos guarros de las salvajes crestas pirenaicas, al margen de la 'civilización'. Sería media tarde y enseguida enfilamos nuestro sendero, el que nos habría de llevar al refugio de Espugettes y que acabó convirtiéndose en una 'propina' más dura de lo esperado, teniendo en cuenta que teníamos a nuestras espaldas un buen trecho recorrido y un considerable desnivel acumulado. La subida era bastante empinada, siguiendo un camino forestal serpenteante que finalizaba en un prado abierto desde donde ya se veía el refugio a media altura de la ladera. La verdad es que las fuerzas iban muy justas y la 'pájara' le anduvo rondando a más de uno, ¿no fue así, Lawens?, otros ponían el Diesel (Dr Coleman) y alguno andaba con el turbo dando todavía bastantes caballos (Eduardo). Cuando por fin llegamos al refugio de Espugettes (2027), más o menos al acabar la tarde, buscamos sitio donde instalarnos en algún dormitorio disponible, nos aseamos y reservamos la cena. No estaba del todo mal el refugio 'franchute' este, aunque muy justito de comodidades (baño ruinoso, ducha de risa, dormitorio correcto). No obstante, las espléndidas vistas que se divisaban compensaban con creces las carencias del lugar. Se veía el Vignemale con su espléndido glaciar, la Brecha de Rolando, el comienzo del Circo de Gavarnie, los Astazous con su famoso corredor Swan... magnifique! Por lo demás, antes de la cena lo típico: pequeño palique o vacile con la gente (acordaos de aquellos simpáticos 'catalanes' que hacían escalada entre los que se encontraba el presidente de la UEC), chascarrillos sobre anécdotas de la jornada y previsiones sobre lo que vendría al día siguiente. Por cierto, el dueño del refugio era un 'armario' de dos puertas, un auténtico ogro, aunque no nos trató mal y eso que había que entrar a la cocina para pedirle la comida. Ni que decir tiene que nada más rozar el saco caímos fritos como benditos.

En esta etapa creo que merece la pena descender desde el refugio de Sarradets hasta el circo de Gavarnie tomando precisamente la dirección contraria a la que tomamos nosotros, es decir según se llega al refugio desde España tirando hacia la derecha o hacia el Este ya que se llega al circo por la Échelle des Sarradets que se trata de un camino poco frecuentado que salva un desnivel de 1.000 metros a través de las paredes del mismo circo. Conviene informarse ya que creo que hay algún paso que está asegurado con clavijas y cadenas, pero seguramente bien merece la pena el espectáculo.

Cuarta etapa:

El día amaneció muy abierto, sin apenas nubes. Prometía calor, como de hecho así fue. La senda partía del refugio en dirección al collado de 'Hourquette d'Alans' (2.430 m), que da paso al Circo de Estaube, y transcurría progresivamente por toda la ladera a lo largo de un cordal utilizado por los pastores para conducir a sus rebaños de ovejas hasta los extensos prados de la zona. Llegados al collado hicimos una paradita de rigor y empezamos a atisbar el camino que debíamos recorrer al otro lado, hasta alcanzar la subida a la brecha de Tucarroya, portillón que comunica esta parte de Francia con España.

Reanudada la marcha, fuimos bajando el otro lado del collado. En contraste con el paisaje que habíamos dejado atrás, el panorama del Circo de Estaube llama la atención por el predominio casi exclusivo de las rocas, ofreciendo un aspecto más árido y agreste como resultado de la acción del glaciarismo. Fuimos bajando bordeando la ladera que teníamos a nuestra derecha hasta dar con una pendiente rocosa y sinuosa que nos dejaría en un cruce donde se unía con el camino procedente del Norte. A partir de aquí comienza la tortuosa senda que asciende hasta brecha de Tucarroya, en cuyo trayecto nos juntamos con un grupo numeroso de excursionistas franceses de todas las edades. El último tramo de la subida se hizo bastante duro por lo pronunciado de la pendiente y la cantidad de gravilla y piedra suelta del terreno, que complicaba clavar bien las botas. Había que poner mucha atención en las pisadas para no resbalar y caer rodando.

Finalmente, a duras penas logramos llegar a la brecha (2.666 m), donde se encuentra además el refugio de Tucarroya, un pequeño refugio para 15 personas sin guarda propiedad del CAF, que recientemente se adecentó y equipó con radio, colchones etc. Nos asomamos para curiosear y tuvimos un breve y simpático intercambio de frases en francés con los 'gabachos' que habían llegado antes que nosotros. Enfrente teníamos ya la bajada al lago helado de Marboré con la impresionante mole de la cara Norte del Monte Perdido y lo que queda de su antaño gran glaciar, hoy en día en retroceso por las consecuencias del cambio climático global. Descendimos hasta la orilla del ibón y lo fuimos bordeando en dirección al Balcón de Pineta (2.520 m). Éste sería otro de los hitos importantes de la travesía debido a la espectacularidad del panorama que ofrece desde su punto más elevado: todo el Valle de Pineta, una perfecta artesa en forma de 'U' resultante de siglos de glaciarismo.

La bajada hasta el destino final de esta última etapa, el Parador de Pineta (1.290 m), era una sucesión de numerosas zetas que salvaban un fuerte desnivel hasta dar con el fondo del valle. La senda sigue el transcurso del arroyo que nace en el lago Marboré y da origen en el valle al río Cinca, formando en su caída varias cascadas. Nuestro amigo Coleman se quedó rezagado, no se sabe si su diésel no carburaba bien o quería disfrutar del paisaje más intensamente... su excusa fue que estaba haciendo unas 'fotillos', aunque por lo que tardó en reaparecer le debió dar tiempo a hacer un reportaje para el National Geographic.

Como colofón a la travesía 2005, el comando integrado por Coleman, Eduardo, Quique y Lawens, celebró debidamente el feliz final de la aventura 'técnica' con un buen refrigerio en el Parador a primera hora de la tarde, después de lo cual llamamos a un taxi todo terreno que nos condujo a toda pastilla a Escuaín, desde donde habíamos partido y donde habíamos dejado el coche.

Esto ha sido todo amigos. ¡A ver que nos depara la próxima travesía!

Datos técnicos:

1ª Etapa:
• Duración total: 10h 25’
o Tpo aproximado de marcha: Aprx 8h
o Tpo aproximado de paradas: 2h 25’
• Desnivel ascendente: 1.720 m
• Desnivel descendente: 730

3ª Etapa:
• Duración total: 9h 48’
o Tpo aproximado de marcha : 7h 48’
o Tpo aproximado de paradas: 2h
• Desnivel ascendente: 1.370 m
• Desnivel descendente: 1.560 m

4ª Etapa:
• Duración total: 7: 44’
o Tpo aproximado de marcha: 6h 30’
o Tpo aproximado de paradas: 1h 15’
• Desnivel ascendente: 975 m
• Desnivel descendente: 1.695 m

Nota relativa a los datos técnicos y a las alturas: los datos de tiempos totales son absolutamente fidedignos, los tiempos de paradas y de marcha están calculados de forma aproximada, la velocidad de marcha es una velocidad de paso tranquila. Los desniveles de cada etapa son los que me ha proporcionado el medidor de alturas y tiempos Suunto Vector por lo que puede haber diferencias con la realidad. Las cotas indicadas están tomadas del Mapa de la Editorial Alpina “Ordesa Vignemale Mte Perdido” y de los “Cuadernos Pirenáicos Ordesa Gavarnie-Monte Perdido” de Miguel Angulo y Eduardo Viñuales de Sua Edizioak.

(Madrid, 06.07.2006)

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